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Erase una vez una princesa enamorada del sol.

Lloraba tanto y tanto hasta que la montaña Serra de Mantiqueira sintió
lástima por ella y la transformó en milliones de arroyos que centelleaban
en los rayos de sol. Pero un día, los hombres se olvidaron de cuidar sus
hermosas montañas Serra de Mantiqueira, despreciaron sus cuestas enselvadas
y frescas, rasgaron árboles por todas partes, no cambiaron su manera de
hacer aún viendo que las cuestas de la Serra no rieron más de su voz cristalina,
de todos los arroyos que las atravesaron. Los suelos frágiles se derrumbaron
al fondo de las cuestas, ciertos pájaros volaron lejos para siempre y
los arroyos fueron drenados, como si el corazón de la princesa hubiera
sido avidamente bebido por el sol egoísta. La Serra de Mantiqueira perdió
su belleza y su alegría con la agua desaparecida. Sobre las cuestas quedaban
solamente las cicatrices del curso de los viejos arroyos que antes
bailaban alegremente entre los árboles. Entonces, los habitantes de la
montaña se dieron cuenta de los daños fatales de la erosión que estropeaban
su paisaje. Sus manos confortantes se ocuparon de la montaña dañada.
Todos en Colina y en otras partes, comenzaron a estabilizar los suelos,
replantando árboles, actualmente construyen también un vivero para cuidar
por mucho tiempo su montaña herida. Sus manos recogerán los gestos
armoniosos que serán apropiados para su montaña, y el corazón de la princesa
volverá a cantar entre los árboles, y el pequeño canario amarillo volverá
a tomar cuidado de ella y de todos los habitantes de Colina que le han
protegido en la Serra de Mantiqueira...