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Nota En una época donde tropiezas con una piedra y tras ella recoges una Utopía, en una era en la que todo hombre se cree con derecho a exponer sus creencias, a practicarlas y a defender sus ideas, donde casi todo es posible, en una sociedad que ha revolucionado casi ininterrumpidamente durante más de dos siglos, me propongo, yo también, mostrar mi Utopía. La literatura, fuente de imágenes que nos acompañaron primero que el cine, la televisión, el video y la computación, es una de las artes que afronta en la actualidad el embate de la revolta causada por la intromisión de la técnica --tal vez que de la ciencia-- en nuestras vidas cotidianas. La generación de bienes materiales retrata de cuerpo entero a una vida social que pretende apartar de sí los bienes espirituales. La comodidad, el ansia de obtener una felicidad ajena a sufrimientos de los otros por ausencia de alimentos, del vestir, del transporte, etc., caracteriza este siglo que nace. Mucho daño hace la Utopía o creencia de que la posesión de objetos que garantizan una estabilidad, asegura a su vez, y a toda costa, un estado de contento perpetuo. Porque ello está basado en el convencimiento de que mientras los otros carecen de aquellos objetos, son poseídos por alguien. Han triunfado históricamente las utopías que benefician a la mayoría de los seres humanos. Es por eso que --aunque sea, tal vez, extemporáneamente-- brindo mi idea sobre la creación y consumo de la literatura (porque sé que ésta es un arte que perdurará en sí misma o en el interior de otras artes) y ruego que mis coetáneos perseveren como yo por un mundo realmente mejor que éste que vivimos. Una filosofía de la composición literaria puede ser además, la fuente de acción sobre otras cosas --eso, lo sé. Los saberes extraídos de éstos y otros libros favorecerán sin dudas que la reflexión sobre el arte literario permita compararlo con otras artes. El estudio de los procedimientos composicionales une verdades particulares de cada arte y ciencia involucrada. El conocimiento humano es único y a cada vuelta en la Máxima Utopía, a él regresan todos los productos del ingenio del Hombre. Es, tal vez, este siglo XXI, uno de los momentos de nueva conjunción cognoscitiva... Quien quiera escribir con exactitud debe, pues, trasladarse a las fronteras del lenguaje. Roland Barthes. Ensayos críticos. El sueño de escribir para los demás nació hace muchos siglos cuando un ser humano cualquiera probó la magia de ser creador literario. Escribir, que no imaginar y contar --ya que eso es más viejo-- sería lanzar un mensaje a la eternidad y al espacio sin fin. Pruebas existen de que leemos lo que Alguien depositó en frases escritas a veces, a varios miles de años de historia. Una revisión breve en el pasado, nos enfrenta al problema de los homéridas. George Thomson por citar uno sólo de nuestros contemporáneos, en su célebre ensayo Marxismo y poesía se refiere a que “el arte declamatorio era una profesión. Los recitadores pertenecían a un gremio llamado de los homéridas, es decir, de los «hijos de Homero». Hay razón para creer que en tiempos prehistóricos estos homéridas fueron en realidad lo que su nombre indica: un clan hereditario de rapsodas profesionales que pasaban su oficio de padre a hijo.” xml:namespace prefix = o /> Dos cosas, la primera, que el arte literario comenzó siendo al parecer compartido entre la literatura oral y la literatura escrita (Homero fue llevado por Pericles a la palabra escrita en el siglo V a.n.e.; es decir, estuvo en la oralidad varios siglos y hasta la actualidad, la tradición en la escritura ha actuado sobre La Ilíada y La Odisea, muchos más: venticinco); la segunda, que la transmisión de estos conocimientos, tanto por los Homéridas, como por los escribas posteriores, tuvo que implicar una pedagogía de los procedimientos de creación literaria, ya fueran orales o escritos y porque en ello iban no solamente un prestigio de producto, sino su valor como medio de vida. Una tercera: el problema es que en cuanto a La Ilíada y La Odisea, se trataba de aprender y conservar ambas obras, intactas. ¿Y es que esto tuvo feliz término? ¿No llegó la tentación al artista-conservador de perfeccionar? ¿Es que no hubo errores de transmisión, omisiones involuntarias, pérdidas? De todas formas, el aprender implicó dividir la obra literaria convertida en patrimonio familiar, del gremio, o del clan, y tal vez, analizarla, si bien con el objetivo de memorizar su texto para después recitarla delante de un público. Pero había, sin dudas, que tener una visión de totalidad. Lo que después se llamaría libro, estuvo vivo en los rapsodas; cada uno de ellos pudo componer uno, y tenerlo en la memoria, así como tenía otros que no le pertenecían por derecho de creación. El rapsoda era una biblioteca ambulante. Libro, biblioteca y artista-subtracto de la obra de arte literario, eran la misma cosa. El libro de pergamino o de papel, copiado y luego, impreso, le sustituiría lentamente, y ese proceso determinaría muchas diferencias en la concepción de las obras de arte literario, sobre todo, en el problema del reconocimiento de los autores. ¿Cómo pues, no dejar de pensar que el camino de la conformación de una idea de la composición literaria comenzaría a prepararse dentro de nuestra historia literaria y cultural, desde muy temprano? El límite al que se refiere Barthes para escribir es el nudo del tema de ese (mi) libro que nace. No se tratará de crear sobre lo innombrado sino precisamente, de nombrar lo nombrado, de forma tal que éste quede, una vez más, sin nombrar. Y he aquí, la más fuerte sospecha que corre el velo sobre el secreto de la creación: diríamos que la dialéctica en la que lucha un escritor, un artista perteneciente al arte literario, establece que éste, el autor, debe empeñarse en un trabajo que parte de lo conocido para imaginar lo desconocido, utilizando para conocerlo, justamente, lo que de mal, poco o nada conocido existe en todo lo que sabemos; éste es --digamos, igualmente-- el primer aspecto de su problema profesional; el segundo, consiste en que, una vez encontrado el qué, es decir, el contenido de su tarea como creador, debe ajustar a éste, el cómo, es decir, la forma artística, la cual entendida en la misma dialéctica, engendrará la forma y el contenido del para qué: su misión, será no sólo construir el puente entre la obra individual y la obra de la sociedad, sino la de ir modificando los qué y los cómo anteriores; y por tanto, aportar una nueva idea estética que resultará, de nuevo, en lo desconocido.
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xml:namespace prefix = o />EL MITO EN LOS ADVERTIDOS, DE ALEJO CARPENTIER ALEJANDRO CÁNOVAS PÉREZ Pero ni Deucalión, ni Noé, ni Unapishtim, ni los Noé chinos o egipcios dejaron su rúbrica fijada por los siglos en el lugar de arribo... Los pasos perdidos El asunto de la vigencia del clasicismo greco-latino en la obra de Alejo Carpentier La tan manoseada condición de los grandes escritores que los sitúa como “clásicos” --haciendo la inclusión respectiva de Carpentier-- es un tópico en la crítica, sobre todo de este siglo que fenece. Sin embargo, el clasicismo hace inevitable la idea de que existen creadores cuya obra genera una nueva época de composición artístico-literaria, en espera de que otros “clásicos” conviertan en pasado una técnica y una estética correspondiente a un período de la historia del arte humano. Por su concepción de la cultura , Alejo Carpentier --para abreviar-- revisa en el amplio catálogo de conocimientos que, el mundo europeo, en un constante mirarse a sí mismo, consolidó hacia el siglo XVIII como lo clásico. Busca, reniega, afirma, pero toma de éste, el saber “refinado”, tamizado, por centurias de “montajes” de estructuras cognoscitivas, síntesis unas de otras, summa que es en fin de cuentas, la cultura europea, como lo son igualmente el resto de las culturas humanas. Por tanto, no es de extrañar que en el repertorio artístico carpentieriano lo clásico entendido en este contexto, aparezca muchas veces ya sea como referencia, ya como recurso tecnológico. Hay quien dice que a ésto es lo que debe llamarse canon, otros lo nombran código, mientras que preferimos llamarlo un recurso de la composición, por considerar que el problema se reparte por igual en estos tres dominios de clasificación. Lo de recurso de la composición significa de todos modos que nuestro punto de vista le alcanza como elemento de creación --o de pensamiento y métier, al mismo tiempo-- en la obra carpentieriana. La definición del concepto composición de una obra de arte literario, en general, es algo que no es pertinente aquí y sin embargo, nos permitiremos una pequeña disgresión en aras de la mejor comprensión de esta categoría. Se trata en breves palabras de considerarla como principio pedagógico del estudio filológico y al mismo tiempo, instrumento, en sí mismo, de la creación literaria. Se alude pues, a cómo el concepto de composición puede coquetear perfectamente con la preceptiva y las posibilidades de transformación y recreación de una obra terminada en el tiempo, desde el punto de vista del lector. A semejanza de las otras artes, la literatura tiene rasgos a los que se les puede reducir pedagógicamente. Es lo que podemos llamar composición considerándola como un proceso. La palabra composición, viene del latin cumpositio, lo que quiere decir, exactamente lugar junto a. Empleada aquí en su sentido técnico, composición literaria es la colocación con un criterio funcional, de cada uno de los elementos de un sistema teórico que interpreta la estructura, primero aparente, y luego, esencial, de la obra literaria. El centro, pues, del análisis composicional, son los hechos que permiten hacer un modelo ideal o abstracto que será tomado por una verdad científica. De manera que las numerosas veces en que se tomará esta palabra, la de composición, piénsese en la definición que acabamos de dar. En lo que respecta al mito, indudablemente en éste se encierran las concepciones cosmogónicas de los hombres; la creación y orden del universo es el centro del cual divergen, de modo general, las ideas sobre el mundo que tienen los pueblos. Se unen en esta categoría muchos de los recursos del arte y de la ciencia, todavía informes, tales como la generalización-particularización, las relaciones causas-consecuencias, hiperbolización (exageración)-minimización, el arquetipo: ya sea en la figura humana o en un dios, o en ambas cosas, etcétera. El mito en el clasicismo griego y latino, se despoja por vez primera en el contexto cultural histórico europeo, --del cual es herencia, el nuestro, contexto hispanoamericano y cubano, en primer lugar-- de sus contenidos primeros de explicación del mundo, y de sus usos religiosos y sacros, de todo tipo. El clasicismo greco-latino, les impone a sus propios mitos, una sucesiva demitificación. Es la suerte del desarrollo del mito, que emboca de esta manera hacia la filosofía, la historia, y las ciencias en general. Al respecto, es ilustrativo el análisis que el gran especialista George Thomson dedica al mundo de Esquilo. Para Thomson, el mito surge y se desarrolla en una colectividad pequeña relativamente, para luego, hacerse parte de una sociedad entera. En el decursar de Esquilo y Atenas, termina afirmando que Esquilo difiere en la interpretación del mito de Prometeo en relación la opinión de Hesíodo . Obsérvese que ambos, Esquilo y Hesíodo pueden considerarse de cierta manera, escritores que se permiten un nivel de apreciación distanciada del mito, puesto que para ellos ha dejado de ser lo que era en su inicio. De esto se deduce que la concepción del mito no sólo depende de una historicidad, sino del grado de desarrollo de la cultura que lo engendró. Ahora bien, al alejarse de sus orígenes el mito se integra dentro de cada sistema cognoscitivo-civilizatorio como una unidad de ese conjunto. Ese cambio de funciones lo reserva como referencia de saberes que se relacionan con él, que van desde el religioso, el filosófico, hasta el artístico. El mito se convierte ya desde el clasicismo en referente. Y es en este punto de la reflexión donde nos detenemos para afirmar que el mito aparece como referente en la obra de Carpentier, y ese status devela que no es más que un recurso de la composición característico de este autor. La referencia en Carpentier, permite la relación cognoscitiva analógica por parte del lector dentro de su texto --véase en la primera nota su concepto de cultura-- por tanto inferimos que es técnica artístico-literaria. El por qué del mito en la obra carpentieriana y en particular en Los advertidos Quienes conocieron a Carpentier testimonian su faceta bromista y tal vez mitómana. Los advertidos ( 1965 ) inicia una serie de obras “divertimentos” que pasando por la novela Concierto barroco ( 1974 ), culmina en El arpa y la sombra ( 1979 ). Pero, las “invenciones humorísticas carpentierianas” corresponden, desde luego, a un modo de ser reflexivo que se manifiesta de igual forma en los temas serios de la vida filosófica y política de su obra. En la definición que hace Carpentier del mito, podemos hallar una respuesta acerca de su empleo en toda su obra: El mito es la cristalización, en acción de personajes, en una acción determinada, en un psicodrama o en una acción dramática o en una acción novelesca, de las apetencias profundas del hombre. En realidad el mito de Prometeo responde a la apetencia que tiene todo hombre digno de ese título de alcanzar el cielo y probar el fuego mágico de los dioses. Es el origen de los inventos, es el origen de todas las grandes cosas que ha hecho el hombre. Los mitos no son sino una representación gráfica. Una especie, si usted quiere, de sublimación del comic, de nuestras acciones cotidianas... En esta reflexión está claro que quien habla expresa una opinión desde un punto de vista más cercano al creador literario, no sin dejar de ponerse en la función del historiador o del filósofo. El mito aparece como una aspiración pues, a encontrar la permanencia de toda su obra, si nos prevenimos de esta forma. Pero, igualmente, Carpentier genera él mismo su propio mito de escritor, y también mitos sobre modos de decir y hacer artísticos, culturales y filosóficos acerca del mundo sobre el que ejerce su condición humana. Su noción de mito además, corresponde con su particular forma de expresión del tratamiento del tiempo como recurso de la composición en su narrativa y al mismo tiempo con su idea de la historia, ya sea como creador literario, ya sea como historiador, ya sea como filósofo. ZONAS DE MANIFESTACIÓN DEL MITO EN CARPENTIER ( Ejemplos ) | CARPENTIER Y SU MITO DE ESCRITOR | EL MITO Y EL TIEMPO CARPENTIERIANO | MITO Y FILOSOFÍA EN CARPENTIER | | El autor sobre sí mismo | Recurso de la composición dentro del sistema temporal de cada obra y/o ensayística ( poética ) | Elemento del sistema teórico elaborado por él como culturólogo | De esta manera y brevemente, considerar la presencia del mito en Carpentier, nos plantea por una parte, el problema de la forma con que es abordado por este escritor y por otra, la autoconciencia de generarlo. Para esto es necesario recordar nuevamente las ideas culturales de Alejo en relación con el modelo europeo y el modelo latinoamericano: Una vez más, América reclama su lugar dentro de la universal unidad de los mitos, demasiado analizados en función exclusiva de sus raíces semíticas o mediterráneas. Aquí sigue tan vigente el mito de Amalivaca --mito que es también el de Shamash, el de Noé, el de Quetzalcoatl-- que en días de xml:namespace prefix = st1 /> xml:namespace prefix = st1 />La Enciclopedia y de los Diálogos de Diderot, el padre Filippo Salvatore Gilli se oyó preguntar por un indio si Amalivaca, modelador del planeta, estaba arreglando algo en Europa: es decir, en la otra orilla del océano. Visión del mito y visión mítica: la demitificación consciente de Carpentier Los mitos relativos a la destrucción-regeneración de la Humanidad como el del Diluvio, llamaron poderosamente la atención de Carpentier. Y la selección de algunos de estos para estar presentes en Los advertidos denuncia las intenciones de su autor. De entre ellos, podemos mencionar el de la gran cuenca amazónica: de Amalivaca, el hebreo: de Noé, el griego: de Deucalión y Pirra, el babilónico: de Our-Napsihtim y el de el hombre de Sin, que es el chino. Como pienso que el tema general de la obra de Carpentier consiste en calificar la actitud social del hombre en tanto cubano, latinoamericano, universal, en condición de sujeto en el problema del conocimiento entendido como transformación en algo mejor de “lo que es” y que, en el caso de Los advertidos, el “hombre” ha sido representado como personaje “advertido”, no es casual que cada “elegido”, su pueblo y su dios respectivo, sean evaluados en función de la idea esencial que aporta el relato: la relatividad del conocimiento poseído por una cultura, un pueblo, un individuo. De modo que el análisis derivado de las imágenes de Los advertidos se dirige a la deconstrucción de los mitos del Diluvio en las variantes universales aludidas. El resultado es no sólo la demitificación sino la inauguración de un nuevo mito: el de los “elegidos” universales cuya condición es absolutamente irónica. Es, también, el de un mito demitificador. El mito del Diluvio griego: Deucalión y Pirra Permítasenos hacer un breve recuento del mito griego del Diluvio, con el fin de comprender mejor su función dentro de la obra que nos ocupa: Deucalión era hijo de Prometeo y Climene, y esposo de Pirra, hija de Epimeteo, monarca de Pitia, en Tesalia. Cuando Zeus decide destruir con un diluvio la degenerada raza humana, Deucalión, por consejo de su padre, construyó un arca de madera, en la que se salvó con su esposa de la destrucción general. Después de nueve días, desembarcó en el monte Parnaso y ofreció un sacrificio a Zeus Fixio (quien le envió ayuda desde el aire ). Habiendo consultado el oráculo de Temis, en Delfos, sobre el medio de renovar a la humanidad, éste le indicó que Pirra y él se cubriesen sus cabezas con un velo y arrojasen de sí los huesos de su madre. Ellos entendieron que la sacerdotisa se refería a Gea, es decir, a piedras, las cuales, llegado el momento, arrojaron tras de sí. Las piedras lanzadas por Deucalión fueron convirtiéndose en hombres, mientras que las de Pirra en mujeres. Con esta nueva raza, Deucalión fundó un reino en Locris, donde en otros tiempos se exhibió la sepultura de Pirra. Se decía que la de Deucalión podía verse en Atenas, en el antiguo templo de Zeus Olímpico, el cual se suponía que él había construído. Sin embargo, Carpentier se permite alterar la secuencia y los datos del mito griego e incluso su anécdota como en otras muchas de sus obras, para poner en función artística las correspondencias reales y las imaginarias. Un ejemplo con el que se puede establecer la comparación es el del caso de la utilización de la historia en la novela El reino de este mundo; Carpentier menciona a casi todos los personajes históricos decisivos para ese momento en Haití excepto Toussaint Louverture. Es de esa manipulación de la realidad que nace consecuentemente una posible respuesta al problema de la función como elemento de la composición del mito griego del Diluvio para Los advertidos. Véase cómo subrayamos aquellos argumentos donde Carpentier difiere o manipula, provenientes del mito original griego para hacerlo semejante al resto de los mitos, en total cinco, dentro de su relato de los elegidos. Función composicional del mito del Diluvio --en particular del griego-- y de los personajes extraidos de cada una de las versiones por Carpentier para Los advertidos Los advertidos es un relato que basa su composición en unidades cognoscitivas que funcionan a modo de un esquema que expresa una lógica artística. El esquema del mundo composicional-cognoscitivo de la obra muestra que el autor implícito favorece la concentración del lector en los elementos que señalan como núcleo, primero a Amaliwak, después, a otro elegido, y luego, al resto de los elegidos y a ambos lados, arriba: a los dioses y abajo, a los pueblos, respectivos. Por una parte, la posición central para los advertidos-elegidos revela el porqué del título del relato, la advertencia --conocimiento y alerta según los diccionarios de la lengua española-- es un recurso composicional usado a menudo por Carpentier ( véase su otro relato Oficio de tinieblas, de 1944, donde las advertencias pueden considerarse personajes ). ¡Carpentier advierte aquí sobre los advertidos! Por otra, el movimiento del saber-no saber se establece en una dinámica sumamente interesante y divertida: el Dios, sabe lo que no saben ni el Elegido, ni su humanidad correspondiente; sin embargo, no sabe lo que sí conocen tanto el Elegido como su pueblo; por su parte, el Elegido conoce lo que no saben ni su Dios, ni su humanidad y desconoce lo que saben el Dios y su pueblo respectivo... y así sucesivamente. La relación cognoscitiva deviene irónica puesto que lo que se muestra alude a un nivel distinto de cosas. ESQUEMA DE LAS RELACIONES COGNOSCITIVAS-COMPOSICIONALES EN LOS ADVERTIDOS ESQUEMA GEN. PARTES DEL RELATO DE RELACIONES | | I | II | III | IV | | Dios (Dioses) | Quien-todo-lo-hizo (referencia) | Quien-todo-lo-hizo | Dioses respectivos (referidos) | Dioses respectivos (referidos)/Quien-todo-lo-hizo | | Elegido( Elegidos) | Amaliwak | Amaliwak | Amaliwak/Hom-bre de Sin/ Noé | Deucalión/Our-Napishtim/Amali-wak | | Humanidad | Indígenas | Su pueblo y los demás | Humanidades (referidas) | Humanidades (referidas) / Indígenas re-creados | Quisiéramos ante todo destacar la posición del advertido o elegido, Deucalión. Obsérvese que se encuentra inmerso en una enumeración de mitos, convertidos aquí en peripecias dentro del sistema de la acción. Sin embargo, el mito griego se encuentra en la secuencia siguiente: Amaliwak encuentra al Hombre de Sin, ambos elegidos a Noé; los tres se reúnen con Deucalión y cuando son cuatro, aparece el último de los advertidos: Our-Napishtim; es decir, así: Amaliwak--Hombre de Sin--Noé--Deucalión--Our-Napishtim-Amaliwak ============================================ Culturas amazónicas-Civilización china-Civilización hebrea-Civilización griega-Civilizaciones mesopotámicas- Culturas amazónicas Es Deucalión --o mejor dicho su mito-- quien viene a dar culminación a la crisis de las contradicciones que han entrevisto los anteriores elegidos: trajo una nave “de una admirable finura de líneas”; “se arrimó ligeramente” ( mientras que tanto la de Amaliwak, del hombre de Sin, como la de Noé son pesadas y maniobran mal ); él no tiene indicaciones de su dios para salvar a los animales , ni a su familia --salvo a Pirra, pero esto se da por supuesto, puesto que lo ha acompañado. Ha sido “encargado por el Dios del Cielo y de la Luz de repoblar el mundo cuando termine este horrible diluvio”, afirma, y para colmo se permite calificar de horrible un acto de su propio dios. Es evidente que, sin detallar más, Deucalión es una imagen creada por Carpentier cuya ironía se entrevé más allá del discurso cultural. Lo que dice y hace Deucalión da cima por contraste --en lo que se llama la etapa de la acción: culminación--, al conflicto cognoscitivo de los elegidos: la sospecha de que los dioses respectivos se han equivocado, la viene a confirmar el griego. El referente cultural: la fama de cultivo de la lógica, del pensamiento exacto y riguroso para describir el mundo que tienen los griegos clásicos, se manifiesta aquí como un recurso de la composición del texto. La alusión no puede ser más clara: ¡ hay un error cognoscitivo ! Esta parece ser la función composicional del mito del Diluvio griego en su versión carpentieriana. El resto es más que evidente: las diferentes formas del Diluvio universal confrontadas en el relato se encuentran en función de mostrar una teoría cultural que trasciende Los advertidos y hace de esta joya narrativa un clásico de la literatura latinoamericana del siglo XX. Se trata de que ninguna cultura es superior porque cree poseer la verdad absoluta sobre los conocimientos humanos... pues, no existen las verdades absolutas en el terreno del saber: el único re-conocimiento válido es el convencimiento de la relatividad de toda creencia, tradición, sabiduría, compartidos por igual --también con sus errores-- por todos los hombres. Carpentier clásico y mito: un clasicismo cubano Nuestros mitos deben ser confrontados [ afirma Carpentier ] con los grandes mitos universales. Debemos mirar a la verdad profunda de nuestras cosas, sin dejarnos encandilar por embadurnos y abalorios... No vayamos a un velorio aldeano para hacer apuntes pintorescos y costumbristas: lo que debe llevarnos a tal lugar es el anhelo de saber qué concepto se tiene allí de la Muerte. Se trata muy claramente de que Carpentier considera el continente americano como una encrucijada cultural. No basta el mestizaje étnico, cultural y social... si todo quedara hasta aquí, sería muy simple. La razón primera que hace de lo local, un hecho universal, es precisamente la analogación de la verdad cognoscitiva particular con la general, la que es válida para todos los hombres. El clasicismo considerado como un conjunto de hechos culturales de valor duradero, un conocimiento que nos deja como último sabor el de una concepción humanista del mundo, hace que confiemos en la continuación de la Utopía de un Hombre mejor, porque Él se ha mejorado al transformar su propio entorno. Porque es Dios, advertido y humanidad, todo a la vez, sin engaño, ni errores previsibles. Porque en una Trinidad loable transita hacia un futuro que no habla mal de su pasado. Tal es la pretención del uso de los mitos de regeneración humana en Los advertidos, y probablemente en toda la obra de Alejo Carpentier.
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UN SUEÑO FELIZxml:namespace prefix = o /> Sueño con las manos atadas vendados los ojos, prisionero de mí y del resto de los que sueñan. . Quiero soltar las amarras: navegar sin límites. Porque no quiero anudar un lazo. Porque el sueño debe ser tranquilo. Porque somos felices (y mejor aún) con las velas hinchadas. COMO UN ÁRBOL Me siento como un árbol cuyas ramas crecen: envejeciendo porque no quiero ser viejo. Cada paso: unas hojas que caen. Cada mirada: el endurecimiento de mi corteza. Cada vida: el no sé qué de la muerte. El viento me rodea y sueño callado: despacio... lo alegre, lo triste, despacio... el sol y las nubes; despacio, muy despacio... la tierra se cubre como en el otoño.
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