Roberto Santana[2]
"Sus actos y sus objetos son paridos desde la madera: con ella ha ido construyendo su mundo, sus utensilios, sus herramientas, sus embarcaciones, su arquitectura" (Renato Vivaldi T. y Edwards Rojas V.)
El objeto de este texto es intentar una puesta en perspectiva de algunas articulaciones imaginables entre dos problemáticas que no por tener una vieja proximidad dejan de ser abordadas generalmente de manera paralela y marcadamente sectorializada: me refiero a la "cultura de la madera" como patrimonio social chilote y a la explotación durable del bosque en ChiloéLa posibilidad de procesar de manera útil ambos términos pasa por la posición que se adopte a propósito del contenido y orientación del desarrollo insular. Por un lado, la importancia práctica de la idea de una cultura territorial de la madera, consiste en que a partir de esta autoreferencia chilota se puede imaginar la posibilidad de construir proyectos de desarrollo particularizados o locales, con "nichos" de comercio específicos y por ende de alta rentabilidad, por lo mismo que se plantea en un contexto de globalización caracterizado por fuertes presiones a la uniformización de los productos. Por otro lado, si la economía de la madera tal como existe actualmente en Chiloé se revertiera en favor de una revalorización de la materia prima de origen forestal por procesos de aplicación de calificación profesional, de innovación tecnológica y de organización para el mercado, es evidente que disminuiría la preocupación actual, casi angustiosa, acerca de la durabilidad del recurso forestal, primero porque el producto primario sería revalorizado favoreciendo a los productores y, segundo, porque la apertura de un rubro económico de buena rentabilidad tiene necesariamente que producir efectos redistributivos sobre el plano local o sobre un territorio mas extendido.
Es una verdad a voces que una manera de aliviar la presión actual sobre el recurso forestal es por la vía de procesos de elaboración y diversificación que incluyan el aprovechamiento de las especies nativas en rubros de alto valor agregado, el fomento de la agroforestería como opción para pequeños y medianos propietarios, así como la articulación del bosque a la actividad turística y recreacional. Otra cosa es la implementación de estrategias consecuentes
Este artículo se interesa en explorar de manera preliminar las posibilidades de movilización de dos rubros ligados a la cultura de la madera como son la fabricación de muebles y la construcción naval, basándonos en una primera encuesta llevada a cabo en Chiloé en noviembre de 1999. El artículo se divide en tres partes: 1. para mostrar lo que ha sido la evolución de ese "patrimonio social" que es la cultura de la madera y las posibilidades de movilización para el desarrollo; 2. los actores en la explotación del bosque nativo y sus articulaciones actuales; 3. dos casos esquemáticos, para mostrar la imbricación posible de los actores en proyectos con encadenación multisectorial
CULTURA DE LA MADERA EN CHILOE: riqueza y decadencia.
“Cada madera tiene su "temperamento", por lo mismo que se selecciona el árbol en pie, se escoge el mejor momento en el ciclo de la savia, se le deja secar un buen tiempo y luego se la trabaja con cuidado.…” Qué mejor testimonio que citar aquí esta fórmula empleada por ese campesino-mueblista -experto en el torneado a mano- a quien tuvimos la oportunidad de encontrar un día en medio de su "monte", como muestra elocuente de una suerte de sapienza empírica a la vez sobre la naturaleza y sobre el oficio de carpintero-mueblista dominante en la tradición chilota.
En efecto, en Chiloé se desarrolló una gran sabiduría natural y un “savoir faire”evidente en relación con las múltiples utilizaciones del árbol, constituyendo todo ello una parte importante del patrimonio cultural de una antigua sociedad campesina obligada a trabajar con medios precarios pero por lo mismo con gran disciplina, con esmerado control sobre los recursos escasos y con mucha aplicación y tecnicidad
La sociedad chilota ha construído históricamente su cultura material en base a la madera, lo que ha permitido a Marino (1985) decir lo siguiente: “En el mar y en la tierra nos hallamos con un abanico de formas tecno-económicas y tecno-sociales, que definen a la cultura chilota como cultura de la madera”[3]. Para este antropólogo, la sociedad chilota logró desarrollar una forma cultural de pensar (conocer) y sentir la madera que no se dió en otras regiones del sur de Chile, como Valdivia o Aysén, por ejemplo. Añadiendo que ésta, la madera, “no sólo se constituye en un medio para… sino que el chilote –en su interacción con la naturaleza- logra sintetizar en la madera y derivados, un modo de encarar y aprehender su medio natural”.
La arquitectura en madera dominante en el archipiélago (casas habitación así como iglesias y locales públicos) ha sido objeto de estudio, de debate y también de intervención de los arquitectos y otros especialistas, razón por lo cual no nos referiremos en este artículo[4]. La artesanía en madera ha despertado el interés sobre todo de los turistas: se sorprenden de descubrir en las casas chilotas una multiplicidad de objetos utilitarios, equipos de trabajo, medios de transporte y construcciones realizados a partir del árbol, lo que hace una lista interminable de objetos. Les llama también la atención la calidad de lo que fué la fabricación de objetos utilitarios que hoy se producen menos regularmente, como es el caso de las piezas para telares, la fabricación de instrumentos de música (rabel chilote, viola, violín, guitarra), así como la fabricación de prensas, de barriles y tinajas. En los decenios recientes se ha conocido una fuerte expansión y modernización de estas artesanías cuyos productos abundan en las ferias y mercados chilotes y de la X región.
Hay, sin emabargo, dos rubros en el trabajo de la madera que poseen poca visibilidad a la hora actual pero que representan un potencial en función de los nuevos desarrollos: la fabricación de muebles y la arquitectura naval en madera ("carpintería de ribera"
Fabricación doméstica de muebles
En un nivel de destreza y de calidad superior estaba la fabricación de muebles. Por desgracia, los investigadores que han prestado atención a la cultura de la madera de Chiloé, generalmente olvidan hacer mención de la elaboración de la madera para fines de amoblado, de decoración o de finalidad religiosa (fabricación de imágenes). Y sin embargo, el proceso de afinamiento de las destrezas, de la evolución de la expresión estética, es bien en este dominio que se expresaba mejor, comparable al dominio arquitecturalEs cierto que hoy la fabricación doméstica de muebles para el uso familiar está casi desaparecida y que las familias se procuran lo necesario encargando su fabricación a alguno de los pocos mueblistas existentes en las ciudades o pueblos, o comprando aquéllos de fabricación industrial. Sin embargo en un pasado no tan lejano como los años 40 o 50 del siglo pasado, cada jefe de familia asumía todavía la fabricación propia de los muebles necesarios al equipamineto del hogar. Cada jefe de hogar era un artesano de la madera, como era agricultor y pescador si habitaba el bordemar. De una manera generalizada, todo hombre adulto de Chiloé debía o tenía que fabricar sus propios utensilios domésticos y su mobiliario. Los niños aprendían muy temprano a tallar pequeños utensilios, siguiendo y ayudando a los padres. La carpintería se aprendía también desde muy joven. Ningún joven llegado a la edad adulta podía imaginar su casamiento sin pasar por esa verdadera “iniciación” que era el aprendizaje del trabajo de la madera, debiendo él mismo fabricar su amoblado incluido el catre matrimonial. En cada hogar había la panoplia indispensable de herramientas de carpintería (“útiles”) guardadas en el cofre o “cajón de herramientas”
Ahora bien, era en la fabricación de muebles donde podía apreciarse mejor el savoir-faire, las calidades técnicas y artístico-artesanales de los jefes de familia. Esos muebles fabricados en casa tenían calidad, estilo (diseños tallados, paneles superpuestos, decoraciones al torno, principalmente en el caso de armarios y catres) y tenían una durabilidad asegurada. Su fabricación se hacía con variedades de árboles seleccionados especialmente en el bosque (mañío, ciprés, ciruelillo principalmente) secados convenientemente (generalmente dos o tres años) en el “sobrado” o entretecho de la casa principal o de la cocina-fogón. Cada mueble era programado en función del tiempo necesario para el secado de la madera (ésta parece haber sido la lógica central en resguardo de la calidad necesaria); el secado mas perfecto era sin duda el destinado a la fabricación del propio ataúd pues en tal caso los “tablones” seleccionados esperaban muchos años antes de ser elaborados (cuando en realidad el jefe de familia se consideraba de edad suficientemente avanzada como para pensar en tener su ataúd presto a servir).
La construcción naval ("construcción de ribera")
La construcción naval fué el otro rubro en que sobresalió la excelencia de los carpinteros chilotes. Hombre de dos medios naturales, en simbiosis permanente con la tierra y el mar, el habitante de Chiloé desarrolló desde temprano los medios del transporte marítimo. Hoy es posible todavía encontrar en Chiloé ejemplares de los tipos mas primitivos de embarcaciones hasta los mas evolucionados, todos construídos con madera. El arte de la construcción naval fué desarrollado en la mayor parte de las islas para las pequeñas embarcaciones (“dalcas”, bote a remos, chalupas, lanchas, chalupón chilote). Las goletas o veleros, de dos mástiles, de gran tonelaje y para largos viajes, fueron fabricadas solamente en ciertos lugares, allí donde existían las condiciones para la instalación de “astilleros” importantes, a veces en lugares poco conocidos, como en el caso del estero de Tocoihue por ejemplo, cerca de Calen, comuna de Dalcahue. Había "astilleros" importantes en Castro y en Ancud.
Las islas Chauques así como las Desertores se hicieron famosas a comienzos del siglo XX - tanto como la Isla de Huar en el Reloncaví - por la calidad de las lanchas y goletas que allí se construían, repondiendo sin duda a una situación particular de aislamiento en relación al continente, puesto que el sólo medio de conexión era a través del mar. Ello tiene que ver con lo que Munizaga ha considerado como una verdadera “cultura del mar”que había tomado forma en esas islas: es decir, “una peculiar mezcla o estilo de vida” donde “ligada a una economía marina, encontramos una personalidad marina y hasta una heroicidad marina”. Este autor ha visto allí una particular categoría de “navegante-empresario-agricultor”[5].
A propósito de esta arquitectura naval Marino ha mostrado la evolución desde la simple lancha hacia una embarcación donde no sólo se pescaba y mariscaba, sino que servía de vivienda y transporte familiar. Dice: “Hoy en día, el chilote conocedor de su medio marítimo por una práctica concreta, cotidiana y directa ha logrado una evolución en su “arquitectura naval”. El lanchón chilote sintetiza su comportamiento con la madera, a la vez que su relación con la naturaleza. Madera construída, madera vivida. Vivida porque en ella y de ella habita. Es el nomadismo acuático, vigente en los canales del archipiélago”[6].
UNA CULTURA DE LA MADERA EN CRISIS.
Marino afirmaba en su libro de 1985 que la introducción de la tecnología occidental industrializada no había logrado desplazar en forma categórica a aquélla surgida desde el interior de las islas, a pesar de que la “información cultural” externa penetraba día a día en todas las esferas del modo de vivir isleño”. Es cierto que aún hoy la madera sigue siendo central en todo tipo de fabricación y construcciones, lo mismo para su utilización en tierra que en el mar, pero ello no quiere decir que la “cultura chilota de la madera”, en términos de su evolución tecnológica, artesanal o artística no haya, desde hace ya mucho tiempo entrado en un período de degradación e incluso de abandono (disminución considerable de la construcción de lanchas veleras, de la fabricación de muebles, desaparición de los “maestros” locales y con ellos de la transmisión del oficio). El caso de la fabricación casera del mueble es talvez el mejor ejemplo de esta degradación y abandono.
La crisis de la artesanía de la madera es parte de la crisis general que vivió la sociedad chilota en el siglo XX. La capacidad creadora de los campesinos-artesanos chilotes, y con ella la cultura de la madera, se estagnó y no solamente dejó de progresar sino que entró a un proceso de deterioro que se manifiesta en el regreso a una rusticidad marcada, doblada del signo de la pobreza, la cual viene a sustituírse a un cierto refinamiento todavía susbsistente hacia los años 40-50 del siglo pasado.
En los orígenes de esa crisis cultural pueden reconocerse algunos momentos que han marcado la historia del archipiélago. La demografía parece acompañar estrechamente tales ciclos. En efecto, el crecimiento de la población chilota parece interrumpirse durante tres períodos por efectos de fuertes y bruscos procesos migratorios tocando de preferencia a las personas en edad activaEl primero de ellos, entre 1854 y 1870, fué marcado por la convergencia de varios factores: el esfuerzo en hombres dedicados al control del territorio al sur del Toltén, la primera gran migración a la zona de colonización alemana marcando el inicio del poblamiento de lo que es hoy la región de Los Lagos, en fin, la migración hacia Magallanes y la Patagonia argentina (la población de Punta Arenas dobla rápidamente en ese período). Recordemos que hacia 1860 la población de la provincia de Chiloé representaba el doble de la población de todo el territorio de lo que es hoy la Xa región.
Entre 1920 y 1930 la “punción” demográfica es la mas espectacular, coincidiendo con el fin del “boom maderero" -exportación principalmente- que cubre desde fines del siglo XIX hasta la gran crisis de 1929. El boom maderero que fué posible gracias al modelo de “economía abierta” de la época representó el proceso económico mas interesante de las islas, pues por primera vez tuvo lugar un tipo de articulación al exterior que no fué, contrariamente a la idea generalizada, solamente de extracción de recursos por el Estado republicano como había sido la tradición (en hombres para el ejército, en prestaciones logísticas para la colonización y para la defensa de Valdivia, punta de lanza de la defensa de la soberanía chilena al sur de la Frontera indígena). Con la apertura hacia el exterior llegaba una cierta modernización, había progresos en el consumo diversificado (los algodones ingleses reemplazan en parte los “guiñiporras” de lana, los faroles y lámparas reemplazan los "candiles", las herramientas metálicas se difunden sobretodo para las labores agrícolas, etc.), ello se acompañaba de la llegada de elementos tecnológicos nuevos, de influencias ideológicas y culturales que son asimiladas principalmente por lo que se parece mucho a una pequeña burguesía rural propietaria
La masividad de la emigración provocada por el fin del ciclo de economía abierta tendrá las consecuencias mas graves en el desequilibrio de los sexos, en la fragilización del tejido social, en la productividad económica del archipiélago y en la reproducción y desarrollo de las tecnologías tradicionales
El modelo de desarrollo industrializante orquestado por el Estado, con fronteras cerradas a los intercambios, con la prioridad acordada a los grandes proyectos industriales de propiedad estatal, a la metropolización de los mercados y a la concentración de las inversiones en el centro del país y en particular en la capital, iba a marginalizar durablemente los "archipiélagos heridos”, sin hacer gran cosa por frenar la corriente migratoria y tampoco terminar con la estagnación y el deterioro de la economía local.
Conviene repetirlo una vez mas, el modelo de la economía nacional “protegida” iba a marginalizar como nunca antes en su historia a la sociedad chilota. Hasta los días de la segunda guerra mundial, Chiloé vivía con una cierta articulación al mundo, en particular a Europa, y esa actividad de intercambio con el extranjero mantenida por las empresas madereras, por los comerciantes de “ultramarinos” instalados en los puertos claves del cabotaje isleño, no solamente servía para enriquecer a unos pocos sino que creaba actividad y empleo, activaban los flujos monetarios e influían de alguna manera en los procesos tecno-productivos insulares a través de las innovaciones que los chilotes asimilaban de extranjeros de paso o avecindados en las pequeñas ciudades. Boldrini señala para fines del siglo XIX "el accionar de carpinteros, mueblistas y constructorese extranjeros que en Ancud, ofrecían sus "modelos" y servicios"[7]. Los isleños disponían de información y de diseños que podían imitar o incluso desarrollar y se mantenía así abierta la posibilidad de la creación social y de un progreso en la innovación a partir de las adquisiciones de afuera y de la herencia del pasado.
Sobre este último punto, que es el que nos interesa aquí, es evidente que con el "cierre" de fronteras los mecanismos de la transmisión y del aprendizaje tradicionales dejaron de funcionar en relación a las tecnologías diversas (en el trabajo de la madera esto es neto, pero también en los cultivos así como en otras manifestaciones culturales) como consecuencia del quiebre generacional brutal: ausencia de los hombres adultos y también de una importante proporción de jóvenes incorporados a la corriente migratoria. Desde el punto de vista de su civilización material la sociedad chilota deja de ser creadora y entra en un declinio durable. Ella será incapaz de dar un salto tecnológico regulado o controlado hacia la tecnología motriz, hacia el cruce de la tecnología de la madera con otros materiales, con los materiales y técnicas modernos, elevando el nivel tecno-productivo y la calidad de los productos, en suma avanzando hacia la industrialización y valorización mas elevada de la materia prima. A partir de entonces la sociedad chilota deviene para todo lo que es tecnología y cultura completamente dependiente de las políticas centrales (mejor dicho de las no-políticas), ella no controla los factores o procesos que aseguren su reproducción, no regula nada… y tampoco puede detener nada…
Así, el terreno estaba suficientemente fragilizado como para que la “crisis del tizón” desencadene el tercer gran período migratorio en las islas. Las cifras censales entre 1952 y 1960 muestran efectivamente la nueva “punción”, esta vez en forma de migración de familias enteras. Como dice Ph.Grenier “Cuando un conjunto de causas de emigración difusa existe permanentemente, un fenómeno como el del tizón, que implica a toda la colectividad, desencadena un movimiento masivo de partidas”[8]. Este autor cita, en nota al margen (p. 446) el caso de la Comuna de Curaco de Velez que entre 1950 y 1960 perdió el 20% de su población.
El ciclo migratorio del tizón tendrá su prolongación en los efectos provocados por el sismo de mayo de 1960 cuyos efectos catastróficos, relativamente conocidos, provocaron de rebote un movimiento migratorio de carácter secundario
¿ES POSIBLE CREAR UNA NUEVA ECONOMIA DE LA MADERA?
A pesar de todo, todo no se ha perdido, la sociedad chilota de hoy integra en su identidad un fuerte componente venido de esa cultura de la madera y quedan cultores que han conservado las destrezas, el conocimiento de las técnicas, y mantienen con ello viva una memoria colectiva.
La interrogación que conviene hacerse entonces tiene que ver con las posibilidades de fundar sobre ese patrimonio que es la cultura de la madera, aún en las condiciones de crisis que hemos señalado, un desarrollo de actividades "modernas" en torno a, y con la madera. Ello no podría ser concebido sin un esfuerzo local por una toma de conciencia colectiva de que Chiloé, paralelamente a la llegada de sectores modernos de la economía que no forman parte de la tradición, puede y debe modernizarse en función de su propia identidad cultural. Esto es parte del mismo debate que ha tenido lugar a propósito de lo que se ha llamado el "reciclaje" de la arquitectura chilota de la madera, en torno a las experiencias del Taller de Arquitectura en Chiloé, dirigido por Edwards Rojas[9]. Que la cultura chilota tiene necesidad de una suerte de "Renacimiento" apoyándose en aquéllos dominios donde la expresión creadora se mostró históricamente mas rica es desde el punto de vista de una filosofía cultural del desarrollo una evidencia, aún cuando haya personas que no lo ven así. Ello supone que los procesos innovadores tienen un anclaje en la herencia, en los conocimientos todavía vigentes, en las prácticas conocidas, incluso en el imaginario social, terrenos a partir de los cuales se crean nuevos procesos de formación. Hasta ahora, como bien lo ha señalado Marino, las influencias innovadoras venidas del exterior han tenido una significación negativa en Chiloé porque parten "de premisas opuestas a las desarrolladas acá", marcando "una proyección diferente de su (de las islas) devenir histórico", siendo "producto de la yuxtaposición de dos esquemas donde uno se impone al otro"[10].
El mismo autor hace una crítica descarnada de lo que han sido las políticas públicas de "desarrollo de Chiloé" diciendo que "en ellas hay falencias cualitativas" que impiden ya sea una concreción definitiva, o bien la realización de las proyecciones que habían sido consideradas. Su conclusión (p 35) es que el desarrollo de Chiloé es un “salpicado” de elementos innovadores que no logran conformar una camino viable de nuevas etapas para la cultura de Chiloé"
Esta conclusión no puede ser mas certera y debe representar precisamente el punto de partida de una reflexión acerca de las modalidades del desarrollo en Chiloé. Si se mira bien, las iniciativas de desarrollo en Chiloé aparecen en su mayor parte como operaciones venidas de afuera que no se integran en una estrategia de conjunto del archipiélago y, peor aún, sus impactos erosionan paulatinamente el tejido social y cultural chilote. Esto indica que si hay otra manera de ver o hacer las cosas, ella pasa necesariamente por la "mediación" de la cultura chilota, pero también por la precisión de una serie de premisas que no siempre aparecen como evidentes
La primera premisa, es que no hay modernización, ni desarrollo, sin innovación tecnológica, y sin innovación socio-cultural, incluídos aquí los procesos de formación y organizacionales. Es cierto como se afirma que “en el mar y en la tierra nos hallamos con un abanico de formas tecno-económicas y tecno-sociales que definen a la cultura chilota como cultura de la madera”, pero ni la diversidad, ni las formas de esa cultura deben ser consideradas como definitivas, como "fijadas" en el tiempo, sino como un patrimonio que debería ser constantemente renovado, enriquecido y aún revolucionado.
La segunda premisa, es que forzosamente en el curso del desarrollo, las nuevas actividades económicas, así como las nuevas modalidades del trabajo, generan otro tipo de relaciones sociales como así también simbolizaciones ritualísticas de aquéllas, pero esto es parte de la apuesta hecha sobre la modernización. Desde este punto de vista, ciertas formas de reciprocidad en el trabajo (mingas, por ejemplo) coexistirán con formas modernas de asociación (múltiples formas de coordinación de los actores), afichándo sin embargo la misma identidad de base
La tercera premisa consiste en interrogarse sobre la lógica que ha presidido esta “cultura de la madera” desarrollada en Chiloé, es decir, que las actividades económicas "no se miden por su alta productividad cuantitativa" puesto que ellas, como dice Marino responden a un ciclo diferente en la relación hombre-naturaleza. Según él, el chilote trabaja en función de lo que posee y lo que considera "debe ser"[11]. Conviene recordar, sin embargo, que tales principios han sido propios de una lógica campesina de reproducción de la sociedad chilota, hoy en día ampliamente urbanizada. Es cierto que de esa lógica está todavía imbuída la pobación rural y muchos habitantes de la ciudad en la Isla Grande, pero ello no obsta para cuestionar su validez para un proyecto estratégico consistente en modernizar y hacer mas rentable el sistema económico chilote tradicional, adaptándolo a las nuevas exigencias de los mercados entre cuyos principios están sobre todo la competitividad, la calidad, la oportunidad, nociones que alteran los ritmos de vida y de actividad. De todas maneras, el cambio de comportamiento a este respecto ha comenzado brutalmente con la salarización generalizada que se conoce desde los años 80 y no puede sino extenderse en condiciones de un desarrollo mas amplio y diversificado de la economía chilota.
La cuarta premisa tiene que ver con los patrocinantes del proyecto. Si la sociedad chilota quiere afirmar la identidad cultural como central en sus estrategias, ello quiere decir que abandona un comportamiento habitual hasta aquí, de dejar hacer, de quedarse como espectador pasivo o a veces indignado de las iniciativas venidas de afuera, para desarrollar un proceso de coordinación de los actores locales, creando instancias organizativas, tomando iniciativas y haciendo proposiciones. La concertación de los actores tiene el efecto de un elemento catalítico que permite a las sociedades locales aumentar considerablemente su capacidad de iniciativa y de negociación, creando de cierta manera "sus ventajas competitivas" que son tanto o mas importantes que la ventajas comparativas ligadas a ciertos recursos
La quinta premisa tiene que ver con las líneas de modernización de la cultura de la madera y con los criterios de localización selectivas de las actividades a potenciar y modernizar. Una estrategia es ante todo un esfuerzo de priorización: todo no se puede hacer, ni tampoco se puede hacer algo en todas partes. Los rubros sobre los cuales trabajar y los lugares en los cuales invertir en los procesos innovantes deben ser determinados en función de las tradiciones de trabajo que en cada lugar presentido han tenido o tienen todavía vigencia. No será lo mismo la especialización en las Islas Chauques, por ejemplo, que en la isla Grande
Es importante recordar que, hoy por hoy, la tradición chilota de la madera no posee ningún "nicho" comercial interesante y que la identidad chilota aparece de cierta manera como hasta despojada de esa referencia, la provincia no hace de ella un resorte de desarrollo y por lo mismo estamos un poco lejos de ese momento en que una lógica de renovación y de apertura permita a esa cultura de la madera pasar a un primer plano, otorgándole una nueva visibilidad[12]. Ahora, por obra y gracia de la globalización este desafío coincide con una toma de conciencia a propósito de la preservación durable del recurso forestal. Por ahora, la defensa del "bosque nativo" de Chiloé ha pasado a constituir el objeto de muchos discursos y de algunas acciones puntuales pero hay ausencia de un reflexión sobre los encadenamientos económicos que se pueden potenciar.
LA EXPLOTACION DEL BOSQUE EN CHILOE Y SU RELACION A LA CULTURA DE LA MADERA.
La explotación del bosque en Chiloé no difiere significativamente de las modalidades empleadas por los agricultores dotados del recurso en las otras provincias de la Xa región -carácter "depredatorio" dominante- con una excepción, sin embargo, que tiene que ver en Chiloé con una tradición en la elaboración de la madera, y por lo mismo con una utilización de diversas especies en tanto recurso precioso. Este es un punto de gran interés aunque se trate tradicionalmente por lo esencial de una producción para fines domésticos ( valor de uso): "una cultura de la madera" tomó forma en Chiloé y aunque la estagnación se haya instalado durablemente, las destrezas y los conocimientos que persisten pueden constituir una carta interesante que jugar en la perspectiva de un desarrollo apoyado en la tradición. Tal desarrollo debería significar una contribución a las interrogantes a propósito de la gestión durable de los recursos forestales chilotes.
Los bosques todavía existentes en Chiloé, están sometidos a las mismas presiones de la demanda urbana de leña para combustión que se observa en las otras provincias de la región pero, en revancha, no están siendo solicitados masivamente por los exportadores de "chips", como es el caso en las otras provincias de la región, en razón de los costos de transporte hasta Puerto Montt, puerto el mas próximo para los embarques al extranjero (1800 pesos el metro ruma, desde Chacao). Por el momento la oferta chilota se concentra en Ancud y no supera los 12 000 metros cúbicos al año. Su contribución al ingreso proveniente de productos forestales por los propietarios pequeños no va mas allá del 14, 5%.. Quiere decir esto que, si hacemos abstracción de la probabilidad que el llamado proyecto Cascada no afecte significativamente los recursos forestales de Chiloé, y que la construcción del proyectado puente sobre el canal de Chacao no será una realidad antes de 8-10 años, existen algunos años por delante en los cuales cabría trabajar por una verdadera "estrategia chilota" de gestión durable del bosqueSi pensamos en la revalorización de la "cultura chilota" de la madera, estamos pensando igualmente que tal valorización del recurso patrimonial debería hacerse en beneficio económico de los actores implicados en los procesos de explotación y de elaboración, es decir, en una coordinación económica de los actores de la "cadena" partiendo del bosque y permitiendo una extracción mas selectiva de las especies de árboles y una diversificación de su elaboración y de los productos finales, lo que en hipótesis redundaría en una disminución consecuente de la extracción depredatoria. Recordemos que la extracción y venta de leña para combustión doméstica es una de las entradas principales de los agricultores pequeños de Chiloé y que todo lo que conduzca a aumentar los niveles de ingresos por una valorización mayor de sus recursos y de su trabajo repercutirá necesariamente sobre los niveles de extracción de árboles.
Una encuesta realizada recientemente sobre 133 agricultores-forestales en las comunas de la parte norte de la Isla Grande (Comunas de Ancud, Dalcahue y Quemchi)[13] muestra que el 53, 6% de los ingresos por ventas de productos forestales corresponden a leña de quemar, mientras que el 27, 4% corresponde a madera destinada a la elaboración (trozas para aserrío, madera aserrada, trozas para torno). La primera cifra significa que los propietarios productores de bosque consideran el recurso como una "alcancía", sobre todo cuando poseen pocas cabezas de ganado. La segunda cifra significa que aunque muy tocadas por las modalidades de la extracción tradicional, en esta parte de la isla existen todavía especies que tienen interés para una elaboración artesanal o industrial[14]. Mas bien que una escasez de especies con interés para productos de calidad, en esta parte norte de la Isla Grande la dominante en el mercado parece ser una demanda local o regional restringida -apreciable en los bajos niveles de precios-, o bien una falta de información de la parte de los potenciales vendedores que debilita la oferta. En cuanto a la parte sur de la Isla Grande, donde existe la mayor masa forestal nativa, las especies de calidad son abundantes y esperan por su valorización.
LOS ACTORES INVOLUCRADOS EN EL DESTINO DEL BOSQUE NATIVO.
Los pequeños productores que venden productos forestales tienen casi todos los mismos problemas: falta de capital, falta de información sobre los mercados, falta de capacitación en lo que se refiere a la gestión del bosque y su articulación con la "cadena" de la madera. En las condiciones actuales, la única manera de imaginar que puedan modificar esta situación es por la vía de las acciones coordinadas, de la asociatividad mas amplia posible, indispensable a una acción colectiva creadora. Ahora bien, los productores chilotes, con excepción de los indígenas de las comunidades del centro-sur de la Isla Grande, van a enfrentar este desafío teniendo un handicap mayor: una cultura propia de productores "independientes" viviendo en un habitat disperso, con una larga historia de contar con sus propias fuerzas (economías domésticas reproduciéndose en la autarquía), todo lo cual, muy naturalmente, ha estimulado el individualismo y de allí el desinterés por una asociatividad que vaya mas allá del aseguramiento del sistema productivo agrícola o de las costumbres tradicionales, por ejemplo que vaya mas allá de la "minga" (sistema de trabajo recíproco).
Por su parte los miembros de las comunidades indígenas, propietarios de la segunda masa boscosa de la isla[15], con una tradición cultural que ha privilegiado un equilibrio entre lo colectivo y lo individual, no aparecen mucho mejor armados que los otros chilotes para enfrentar la asociatividad requerida para una gestión moderna de la actividad forestal, esto por razones propias al modo de funcionamiento comunitario. De un lado está la inercia al cambio, propia de sociedades que se adaptan y adoptan la innovación con mucha lentitud: la modernización avanza como desde la periferia del cuerpo social hacia un "núcleo duro" que se aferra firmemente a las viejas prácticas y antiguos valores. Por lo demás, de comunidad a comunidad la diversidad es la regla. Hoy, la brecha mas visible está entre la generación joven que encuentra dificultades para convivir con los viejos liderazgos, pero que tampoco logra desalojarlos. La solución para muchos jóvenes es frecuentemente la emigración. En pocos casos los jóvenes logran compartir un cierto liderazgo y por lo mismo la consensualidad es siempre difícil de lograr.
Así, el proceso de gestión moderna de los recursos del bosque por los propietarios indígenas y el encadenamiento a los procesos de elaboración del producto - considerando que la legalización de las tierras comunitarias exista[16]- se plantea casi de la misma manera que en el caso de los otros chilotes propietarios de bosque, como sucede por ejemplo con los miembros de la comunidad del fundo Coiguín que poseen una masa forestal considerable en sus 10 000 hectáreas de propiedad ya legalizadas[17]. En ese fundo se explotan en promedio 10 000 pulgadas anuales (superficie aproximada explotada: 10 hectáreas), las cuales se comercializan en forma de tablas aserradas. Las 30 familias de esta comunidad no han imaginado o no han logrado implementar un proyecto mas ambicioso de valorización del recurso explotado.
En uno y otro caso, de chilotes indígenas y no indígenas, mas allá de las limitaciones creadas por la debilidad o ausencia de consensus grupal interno o entre personas con los mismos intereses hay un rasgo que es común: el pensamiento estratégico o de proyecto social modernizante tiene poco espacio en los espíritus, o en todo caso avanza con gran lentitud: las vivencias campesinas siguen mayormente ritmadas por el tiempo agrícola, por la reproducción de los ciclos naturalesy ello impregna también importantes capas de la población urbana. La emergencia de una asociatividad moderna susceptible de crear los encadenamientos entre el bosque y las ramas de elaboración de la madera dependerá entonces de la ayuda desde el exterior que puede ser prestada por las instituciones públicas, por la ccoperación internacional o por las ONGs
Entre los actores institucionales, la CONAF es la institución oficial que teóricamente tiene la mayor responsabilidad por los problemas ligados al bosque nativo. En la práctica, su rol mas importante está en la prevención y control de incendios. No existe ninguna política institucional particular para Chiloé. Los planes de manejo son muy escasos, aún cuando reglamentariamente, en lo que se refiere a los pequeños productores forestales pueden aplicarse a partir de la posesión de 1/2 hectárea de bosque. La iniciativa mas interesante de la CONAF desde el punto de vista de la explotación del bosque nativo, podría estar en su contribución al proyecto "CMSBN" (Conservación y Manejo Sustentable del Bosque Nativo) que está dando sus primeros pasos. Se trata de una operación conjunta CONAF/Cooperación Alemana, cuyo objetivo es la elaboración de planes de manejo y el financiamiento de incentivos a la "restauración" del bosque nativo
El CMSBN ha pasado en 1999 un acuerdo con INDAP, para que esta institución financie la asistencia técnica a una empresa asociativa de productores forestales, poniendo en acción su servicio de asesoría a proyectos (SAP). El proyecto ha sido tomado con gran interés por el INDAP, organismo que inició a fines de 1999 la etapa de organización de la "Empresa asociativa de los productores forestales". Si bien es cierto que los objetivos contemplan generar una "oferta sustentable y sostenida" de maderas nativas, transferencia tecnológica a la gestión durable de los bosque y hacer del manejo sustentable una práctica concreta, el énfasis puesto en el tema de una "mejor comercialización" de la madera de Chiloé, no puede sino despertar una cierta inquietud. Se podría preguntar si haciendo eso el INDAP, pasado un período de actividad bajo un perfil de agencia técnica inquieta por la rentabilidad agrícola, no está en proceso de volver sobre una cultura institucional de tipo asistencial a los pequeños agricultores en dificultad, preocupándose mas del corto plazo que del desarrollo estratégico, .
En efecto, el primer taller-encuentro organizado por el INDAP, con mas de 60 pequeños productores forestales giró principalmente en torno a dos preguntas: ¿estamos dispuestos a realizar una explotación regular?, ¿nos convendría crear infraestructuras para mejorar la comercialización, canchas de acopio entre otras?
La primera pregunta parte de la base que los productores tienen interés en comercializar permanentemente el producto de sus escasos bosques, lo que plantea la cuestión de la velocidad de la reposición y/o la virtualidad de la reposición en especies nativas. La segunda pregunta, que va ligada a la primera, significa potencialmente la existencia sobre el mercado de grandes volúmenes de madera y una posibilidad de oferta asegurada y calendarizada. El representante de Forestal Puerto Montt (exportadora de "chips") no dejó pasar la oportunidad para señalar el interés de su empresa por la oferta en grandes volúmenes, por trabajar con organizaciones que tengan ofertas claras y definidas y el destacar interés en tal sentido de las "canchas de acopio". Se puede interrogar entonces sobre el resultado final de una iniciativa que pone en primer plano la cuestión de la comercialización, el aumento de volúmenes de venta y talvez el incentivo de los mejores precios para el vendedor. Conociendo la escasa capacidad de CONAF para el control de los procesos de explotación sobre el terreno, se puede, efectivamente, que la organización de la comercialización vaya mucho mas allá que la organización de la regulación y del control por la vía de la aplicación de los planes de manejo y que, la intervención sobre el plano de la comercialización resulte finalmente en un "boomerang" para el bosque nativo
En todo caso, el tema del aumento del valor agregado de los recursos productivos de los pequeños agricultores-productores forestales, de la posibilidad de abrir un frente asociativo que se instale en la diversificación de productos finales y no solamente en la comercialización en bruto, quedó fuera de la discusión, no postergado sino que simplemente olvidado para no decir ignorado. Los problemas de la escasez de infraestructuras de procesamiento y de los medios para el proceso de secado de la madera, este último siendo el escollo principal en la elaboración escalonada de la materia prima, no fueron traídos al debate ni por los actores institucionales ni por los productores, significando que no existe una conciencia de la interrelación o de la complejidad del problema planteado por la cadena de la madera, o que no existe la voluntad para abordarlo
La labor iniciada recientemente por otro actor institucional permite ver el futuro con un poco mas de optimismo: nos referimos al "Proyecto Bosque Modelo de Chiloé", iniciativa que forma parte de una red internacional canadiense de manejo sustentable de los recursos del bosque ("Preservación y aprovechamiento sustentable de los recursos naturales del ecosistema forestal de Chiloé"). Sus fuentes de financiamiento son el GEF ("Fondo para el medio ambiente mundial" de las Naciones Unidas y del Banco Mundial), la Cooperación Canadiense y el Gobierno de Chile a través del Ministerio de Agricultura
Inauguró sus trabajos en enero de 1998 y por lo mismo es prematuro hacer un balance que permita ver la coherencia entre las orientaciones programáticas y las acciones reales. Los proyectos son muy diversos y en general muy puntuales, en relación con grupos locales o comunidades indígenas. Todo lo que tiene que ver con transformación de los recursos se limita por ahora al sector artesanal primario, los agentes privilegiados siendo los pequeños agricultores y productores artesanales, y en general la oferta es para el mercado chilote. En cuanto a los proyectos eco-turísticos o turismo rural que valorizan el bosque en tanto naturaleza es claro que pueden interesar a una clientela continental y extranjera. El otro interés que presenta esta experiencia es que se inquieta, siguiendo el tenor de su discurso, por fomentar la asociatividad de los actores, individuos, grupos y comunidades
El BMCH parece estar integrando en su acción diversos principios propios de la globalización al manejo de los recursos naturales. Pero todo indica que en Chiloé, en virtud de la especificidad cultural chilota, hay que ir mas lejos en lo que tiene que ver con el recurso forestal y la economía local.
ARTICULACION DE ACTORES Y FACTORES: UN CAMINO PARA EL DESARROLLO PATRIMONIAL LOCAL.
Abordar los problemas del bosque nativo y su explotación sustentable desde el punto de vista de la valorización del patrimonio cultural de la madera supone entrar a trabajar con otros paradigmas que los habituales. En primer lugar, el paradigma del patrimonio como eje estratégido de la diversificación económica, el de la articulación múltiple de factores y actores, el de la construcción de las ventajas competitivas por la vía de la asociatividad y la acción estratégica, en fin, el de la flexibilidad institucional
El análisis de algunas experiencias institucionales muestra que las iniciativas en torno a ciertas actividades de elaboración de la madera están muy lejos de haber integrado los principios susceptibles de crear efectos de desarrollo ampliados y duraderos
Por ejemplo, el FOSIS es una de las instituciones oficiales operando en Chiloé que tendrían teóricamente algo que ver con el problema de la madera, en la creación de micro-empresas con familias o grupos asociativos de recursos modestos. Pero esta institución, pre-orientada por sus objetivos sociales, carece de una aproximación conceptual al interés que tienen los proceso de valorización de la madera en una perspectiva de desarrollo. Por lo mismo su implicación en relación a la cadena de la madera es casi nula: en Ancud, un grupo trabaja la elaboración de tejuelas y otras maderas para la construcción (Sociedad Comercial Río Mar Ltda, en Pudeto Bajo); modernización de talleres de mueblería en Quellón (en proceso de aprobación un financiamiento para tres familias en el barrio de Santa Marta), en fin, un proyecto de ampliación de mueblería en Castro (población Lautaro). Como se ve, todo es estrictamente puntual y sectorial, desprovisto de dinámica articulante, inmediatista y por lo mismo sin perspectiva estratégica
Otro caso ilustrativo es la acción conjunta de FOSIS e INDAP en la comuna de Quellón: se trata de la experiencia del fundo Hueque Trumao, a 15 km de Compu (aserradero, elaboración de madera). Proyecto que se inició hace seis años, con asesoría de INDAP para la comercialización. Se trataba de un complejo maderero dotado de tractor, aserradero, machihembradora y dimensionadora. Los problemas aparecen en cadena: la falta de articulación entre los diferentes procesos hizo que a lo largo de dos años sólo el aserradero fuera implementado; los otros componentes del equipamiento para la elaboración llegaron dos años mas tarde, cuando la comunidad había acumulado problemas internos y entraba en una grave crisis de dirigencia, los jóvenes asumiendo el proyecto y los viejos mas bien reticentes y opuestos. El seguimiento fué deficiente y hubo visión institucional corto-placista, impidiendo seguir de cerca el fortalecimiento del proceso asociativo y la prestación de la asistencia técnica indispensable a la formación para el proceso productivo y la administración. El sectorialismo en la acción institucional y la negligencia en el aseguramiento de un mercado contractualizado terminaron por cuestionar la viabilidad del proyecto: a fines de 1999 el aserradero estaba parado, la maquinaria de machihembrado había sido robada y las instalaciones mostraban los signos del abandono. La división interna de los miembros de la comunidad parecía haber ganado la partida a la necesidad de reforzar la asociatividad, demostrando que el desarrollo necesita de tiempos largos, de inversión en la construcción de consensus y en la formación para la organización, de una atención particular al aseguramiento de la comercialización
El caso de la fabricación de muebles en Quellón.
Los ejemplos anteriores muestran bien que no se ha encontrado el camino para abordar la complejidad del desarrollo a partir de la madera, y esto porque no se imagina que Chiloé tiene en la cultura de la madera otra cosa que hacer que lamentar la pérdida de las tradiciones artesanales. Ello determina que da lo mismo apoyar un proyecto de fabricación de tejuelas o un carpintero remendón de muebles en no importa cual localidad. La idea de proyecto estratégico localizado está ausente. Frente a esto podría hacerse la siguiente pregunta ¿porqué en Chiloé no podría constituírse un centro importante de la industria del mueble?
Un rápida encuesta realizada en Quellón muestra que allí existen seis talleres de mueblistas que de cierta manera han venido a cubrir las necesidades locales y también de clientes "de afuera". Esos mueblistas se conocen entre ellos, mas aún, cinco de los dueños de talleres "han pasado" por el taller de N.N., es decir, han obtenido allí su formación, como aprendices o como operarios, de manera que sus relaciones son mas bien correctas sino de confianza. Pero nunca han pensado en un proyecto común del mueble en Quellón y en Chiloé
Sin embargo, los seis dueños de talleres deben hacer frente a los mismos problemas principalmente los relativos al abastecimiento en madera, al secado de la materia prima, a un mercado que tiene una demanda cada vez mas exigente y que en parte está deslocalizada
Cada taller trata de resolver esos problemas individualmente y siempre con no pocas dificultades.El aprovisionamiento en madera prima se busca principalmente en el área de Chadmo central, y algunos compran madera aserrada a comunidades indígenas. Sin embargo, como las transacciones se hacen espóradicamente y no existen relaciones contractuales entre productores de madera y mueblistas, no siempre estos últimos pueden estar seguros de contar con las especiaes naturales que necesitan para satisfacer la demanda de los clientes. Hay oportunidades que se pierden por falta de materia prima de calidad. Los productores forestales pierden también la posibilidad de obtener buenos precios por las especies de calidad
Ninguno de los propietarios de talleres tiene resuelto el problema del "secado" de la madera, factor esencial en la calidad del producto final. La ausencia de planta de secado en la región[18] hace que los mueblistas tengan que comprar madera verde (en listones y tablones) que dejan secar durante un período que no va mas allá de un año, tiempo muy corto para las condiciones de humedad imperantes en Chiloé. Los muebles que así resultan pueden competir muy difícilmente en un mercado competitivo. En la búsqueda de solución al problema alguien hizo un experimento con una instalación artesanal: utilizando una caldera a vapor, un motor y aspas. Pero el experimento fracasó en ausencia de aparatos de control de la humedad: en general la madera se ponía dura. Otros llevan la madera a Puerto Montt, donde hay instalaciones de secado, pero ello encarece la materia prima y repercute sobre los costos de manera negativa.
Los productos fabricados en estos talleres de Quellón con maderas nativas, con estilos que son propuestos por los mueblistas dentros a partir de un catálogo de diseños antiguos y también modernos, interesan a una clientela que es mas bien exterior a la comuna de Quellón. Muchos clientes vienen de Castro, los cuales prefieren los modelos antiguos fabricados en madera nativa significando con ello que es una clientela con fuerte poder adquisitivo pues los precios de esos muebles doblan los precios de aquéllos fabricados con "macisa" enchapada o con "melanina". También las empresas salmoneras hacen pedidos para el amoblado de sus oficinas locales o instaladas en Santiago. Otros clientes de los mueblistas de Quellón vienen de afuera del archipiélago: principalmente de Talcahuano, Concepción y Santiago; en general son turistas que aprecian las maderas nativas y la calidad del producto, pero también gente que trabaja temporalmente en las actividades de la pesca regional y que desembarcan con frecuencia en el puerto de Quellón. Esta última clientela es aleatoria pues se manifiesta principalmente cuando se produce un "boom" pesquero, como es el caso cuando hay extracción de locos por ejemplo[19]. El mercado exterior no entra por ahora en la perspectiva de los mueblistas de Quellón[20].
El factor negativo que toca a todos los mueblistas es, como lo hemos dicho, el problema del secado de la madera. Pero en una visión menos atomizada o individualizada de la actividad, en función de una estrategia patrimonialista del mueble chilote (por la cual deberían tomar partido las instituciones públicas), podría perfectamente imaginarse que ese "cuello de botella" puede revertirse, paradojalmente, en el aguijón estimulador de un importante proyecto asociativo. La construcción de una planta de secado ¿no podría constituirse así en el aglutinante de los intereses de los mueblistas y de los productores de la madera? La asociatividad de los actores en los diferentes eslabones de la cadena tendría aquí un primer objetivo estratégico claro, cada uno de los actores pudiendo encontrar su propio interés (cualesquiera sea la forma jurídica encontrada)Pero puede imaginarse también que la iniciativa original va mas allá que la asociación para la construcción de la planta de secado, pues con esa realización estarían creándo las nuevas condiciones para hacer de Quellón un centro de la industria del mueble cuyo fundamento se encuentra en la tradición chilota, pero que se propone también responder a las nuevas exigencias del mercado. El proyecto debería "vender" esta imagen patrimonialista del desarrollo: un salón de exposición permanente del mueble se abre al público local y a los turistas, se le da gran importancia a la publicidad en las agencias de turismo, etc. La apertura internacional debe estar en las proyecciones.
Las intervenciones institucionales dispersas dejan paso a una acción coherente y flexible destinada a estimular la iniciativa de los primeros interesados (mueblistas, productores de madera, poder público local), la acción atomizada de los actores encuentra un objetivo común, la cultura chilota de la madera encuentra una nueva manera de expresarse, la madera contribuye al desarrollo de Chiloé de una manera también nueva y mas valorizante. Los nuevos paradigmas van a operar aquí al interior de la "cadena de la madera" pero se puede también imaginar que ellos permiten articular el proyecto a otros desarrollos colaterales, complejizando aún mas los intereses económicos de los participantes en el proyecto patrimonialEl caso de la "construcción de ribera" y el turismo en San Juan.
Un proyecto mas complejo, aunque de talla previsiblemente mas modesta, podría imaginarse a partir de la tradición de la construcción naval de "ribera". Para ejemplo tomaremos el caso de San Juan. Es una caleta situada entre Quemchi y Dalcahue, provista de un profundo estero que le otorga una gran belleza a una localidad donde habitan unas 70 familias
En San Juan hay tres constructores de lanchas, los cuales tienen una actividad mas o menos similar. Uno de ellos, entrevistado, trabaja con 4 ó 5 operarios para una producción anual de 3 cascos grandes para lanchas a motor (14 metros de eslora) y 4 botes a motor de seis metros de eslora. La producción se hace a pedido. La demanda actual es por botes y lanchas a motor; la tradicional lancha a vela no se fabrica mas; tampoco embarcaciones para la pesca o marisqueo (el buzeo se ha terminado localmente). Se podría aumentar la producción -la mano de obra con experiencia no falta- pero esto no es posible para constructores carentes de capital y sin ninguna práctica de los sistemas de crédito. Mientras tanto, muchos carpinteros se dedican a la construcción de casas
Se puede decir que los constructores de San Juan siguen la línea tradicional entre la lancha y los botes pesqueros. Una línea moderna que no ha sido desarrollada debería poder cubrir el espacio intermediario, es decir, fabricar un tipo de embarcación adaptada a la nueva demanda consistente en embarcaciones de agrado y de carácter deportivo. Los pocos turistas que llegan al lugar -de acceso todavía difícil- se interesan o bien por la lancha chilota tradicional o bien por el tipo de agrado
Una vez que se concretiza el "encargo" de la embarcación, el constructor busca la madera entre productores que son bien conocidos, evitando las "barracas" donde los precios son mas elevados. Para el nivel actual de actividad, los vendedores de madera tienen "cuarterones" en reserva; también el constructor tiene sus reservas. La ampliación de la escala de operación, tendría por cierto que movilizar otros productores de madera y pondría también en evidencia el problema del secado de la madera.
La única propuesta institucional hecha recientemente a las familias de San Juan consiste en un proyecto turístico en el cual participan 15 personas, de entre las cuales se destacan tres "animadores del proyecto. El objetivo del proyecto es del tipo turismo-rural, es decir, atención de huéspedes en las casas familiares. Para el mejoramiento de las condiciones materiales de la recepción de huéspedes el FOSIS abre una línea de crédito por unos 400 mil o 500 mil pesos, cifras modestas, en correspondecia con la modestia de las perspectivas
Lo que es sorprendente en este ejemplo es que nadie ha hecho el cruce entre el fomento del turismo y el desarrollo de la construcción de "ribera": entre las motivaciones del proyecto turístico no hay un lugar para la revalorización del patrimonio ligado a la madera bajo su forma de construcción naval, aunque mas no sea bajo la forma de embarcaciones de agrado. Sin embargo, un turista argentino se interesa por tener en el lugar una lancha a vela de la tradición chilota de seis metros de eslora; otros turistas, chilenos esta vez, quisieran tener un bote disponible para las vacaciones…
Las posibilidades de hacer en San Juan un pequeño centro de turismo náutico parecen evidentes. La construcción de ribera podría combinarse con la construcción de hangares para guardar y realizar el mantenimiento de las embarcaciones que los turistas de San Juan volverían a disfrutar en cada período de vacaciones. La capacitación a la navegación costera sería otro componente de un proyecto turístico de carácter complejo, donde lo multisectorial y lo flexible-institucional adquiere toda su pertinencia para movilizar los habitantes locales hacia una asociatividad creadora. La revalorización de la arquitectura naval chilota, uno de los patrimonios mas preciados de la cultura isleña, estaría asegurando su lugar en un proceso de modernización de la economía local, conrtibuyendo a su vez a valorizar el marco natural del bordemar.
CONCLUSION
Un concepción del desarrollo en áreas de economía tradicional debería significar que éste no es una suma de factores dispares ni una yuxtaposición de actores trabajando aisladamente, sino antes que nada una articulación de voluntades dispares pero tras objetivos comunes dispuestos a operar un paso a la modernización a una escala ampliada es decir a ese nivel de actividades en que se juega verdaderamente el destino de los intereses particulares y del conjunto de los componentes de la sociedad local
La posibilidad de ligar la necesidad de valorización de la cultura chilota de la madera y la explotación durable del bosque nativo pasa por el desahucio de los proyectos sectoriales, puntuales y cortoplacistas, para poner por delante una concepción patrimonialista y de largo plazo del desarrollo local. La capacidad de las políticas públicas a reconocer el interés de una imagen revalorizada de un territorio o localidad es mas determinante que la multiplicación de acciones dispersas
En los casos imaginados, lo que hemos querido mostrar es una manera de aproximarse a la complejidad del desarrollo globalizado a la escala local, método que se aleja del diagnóstico clásico de la realidad, puesto que es un ejercicio que procesa simultáneamente las categorías empíricas habituales con un esfuerzo de representación de lo que podría ser el futuro de la sociedad local. La toma en consideración de un factor específicamente local es potenciado por su contenido cultural pero concatenado con otros desarrollos, de soporte o complementarios, el todo produciendo una imagen que asegure una continuidad cultural
Esta manera multisectorial de ver el desarrollo cuestiona evidentemente las práticas institucionales vigentes y significa un llamado a integrar a su acción principios tales como mayor intercambio y debate interinstitucional, mayor horizontalidad en la toma de decisiones, flexibilidad para permitir la toma en consideración de factores o actores formalmente excluídos, adopción de una filosofía de los tiempos largos requeridos por los procesos de modernización y desarrollo…
En cuanto a los agentes económicos, productores de madera y de bienes manufacturados, es indispensable que tengan "ganas de desarrollarse" o "deseo de crecimiento", sabiendo que el crecimiento económico depende mas de la articulación de los actores (relaciones interpersonales, relaciones de confianza) y de los factores de producción que de su mera existencia y que, como dice Boisier[21], "una articulación densa y direccionada necesaria y predeciblemente produce desarrollo, sea por azar, sea mediante una ingeniera de la acción territorial".
[1] Este artículo ha sido escrito en el marco del Proyecto de investigaciones "Les conditions d'un développement durable dans la région des Lacs au Chili", de ECOS (de la Cooperación Francesa) y CONICYT (del Gobierno chileno) que asocia investigadores de la Universidad de Toulouse Le Mirail y de la Universidad de Los Lagos (Osorno)
[2] Investigador asociado al GRAL, del CNRS y de la Universidad de Toulouse Le Mirail, Francia
[3] Mauricio Marino, Chiloé: economía, sociedad, colonización, Ediciones Victor Naguil, Ancud, 1985, p 35
[4] Entre los trabajos mas importantes están los de Edwards Rojas, los de Hernán Montesinos y otros arquitectos
[5] Carlos Munizaga "Antropología Cultural", en Chiloé y su influjo en la XI región, II Jornadas Territoriales, Colección Terra Nostra, n°12. Santiago, 1988. Pp 61-73
[6] Marino, cf.: “Habitar en el mar significa para él simbolizar aquél espacio flotante en cocina, almacenaje, un lugar para dormir; cubierta para picar leña y trabajar… La familia desarrolla su ciclo de vida: nace, procrea, socializa, trabaja, cree, formaliza y muere. p 22
[7] Gustavo Boldrini. Universidad Arcis, en revista CA del Colegio de Arquitectos, n°78, diciembre 1994, Santiago
[8] Philippe Grenier, Chiloé et les chilotes. Marginalité et dépendance en Patagonie chilienne, Ediciones EDISUD, Aix en Province, France, 1984. 593 p.
[9] El lector tendría interés en leer (y mirar las imágenes) del bello libro de Edwards Rojas El reciclaje Insular, donde expone su concepción de la modernización de la arquitectura chilota de la madera a partir de la tradición chilota. El libro fué editado en 1996 por la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Los Andes, Bogotá, Colombia.
[10] Marino, cf; pp 35 y siguientes
[11] Marino, cf. p 35.
[12] Es cierto que la Propuesta de Plan de Desarrollo para Chiloé de la Gobernación Provincial sugiere un "Estudio sobre aprovechamiento de madera nativa de pequeñas dimensiones y alto valor agregado", pero el tema en apariencia sigue siendo de tratamiento sectorial y no se vincula a una concepción patrimonial del desarrollo ni tampoco a una visión local del mismo (www.chiloeweb.com/gobernación)
[13] Desarrollo forestal sustentable, Pro-rural, Región de Los Lagos, Secretaría Técnica. Ancud, noviembre de 1999
[14] La encuesta citada muestra una descapitalización importante de los propietarios del recurso forestal: solo 1/3 del bosque en esas comunas está inexplotado, mas del 50% está explotado en diversos grados, y en 15% está en estado de matorrales o de renovales
[15] En todo Chiloé hay 18 comunidades indígenas y 8 comunidades tienen conflicto de tierras con empresas o grandes propietarios, todas en la comuna de Quellón
[16] El viejo problema de los títulos de tierra a las comunidades indígenas avanza lentamente en Chiloé: sólo los fundos Tugueo y Molulco fueron regularizados en 1999, según información de la CONADI, Delegación de Osorno
[17] Y que mantiene un litigio con el Estado por 6 000 hectáreas mas de bosques aunque muy desvastados por la explotación indiscriminada que practicó en los años 8 la firma Golden Spring (para ptoducir "chips")
[18] La única planta de secado existente en Chiloé, es la empresa "El Palomar", localizada a 15 km de Ancud, pero sus propietarios carecen de capital para asegurar un poder de compra a los pequeños y medianos productores de madera. Limitándose por lo mismo a "maquilar" con los propietarios de grandes fundos madereros (Comuna de Quemchi en particular) cuyo objetivo es explotar rápidamente el bosque y enviar la madera al norte del país
[19] En una buena temporada de extracción de locos, al menos uno de los talleres de Quellón despacha un camión de muebles por semana
[20] Las escasas tentativas de muebles chilenos exportados a Argentina, por ejemplo, no han tenido continuidad precisamente por defectos ligados al mal secado de las maderas (deformaciones y descolado)
[21] Boisier, Sergio, El vuelo de una cometa. Una metáfora para una teoría del desarrollo territorial, ILPES, Documento 97/37, Serie Ensayos, Santiago, 1997