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. 1998 : un año de cine en México .
1998: Un año de cine en México
Por Maximiliano Maza
Hacer un balance del cine en México durante 1998 puede parecer un ejercicio masoquista. La severa crisis de la industria cinematográfica mexicana llegó a su punto álgido en 1997, cuando únicamente se produjeron 11 largometrajes, la cifra más baja desde 1920. El año que terminó hace tres meses no ofreció un panorama tan desolador, pero tampoco apuntó hacia la recuperación de la otrora próspera industria del celuloide azteca. A pesar de ello, los saldos no fueron del todo negativos.
El cine pasó a ocupar espacios considerables en la prensa nacional cuando la Comisión de Radio, Televisión y Cinematografía de la ahora sí- plural Cámara de Diputados promovió una Iniciativa de Reformas, Adiciones y Modificaciones a la Ley Federal de Cinematografía, vigente desde 1992. La polémica despertada por los legisladores entre ellos, la popular actriz María Rojo- levantó ámpulas y aplausos, en igual medida. Por un lado, los exhibidores y distribuidores se pronunciaron en contra de dos puntos de esta Iniciativa: el referente a la prohibición del doblaje de películas al español como medida de protección a la integridad de la obra fílmica original, y el que establece un tiempo mínimo de pantalla exclusivo para cine mexicano en las salas de exhibición. Por otra parte, los cineastas, intelectuales y una buena parte del público cinéfilo apoyaron el punto del doblaje y un punto más, referente a la creación de un «fondo de apoyo económico y financiero que garantice el fomento y la producción permanentes para el cine mexicano.»
Este último asunto, también fue objeto de críticas por parte de los exhibidores en particular, de la poderosa cadena de cines Organización Ramírez- debido a que dicho fondo se integraría por un porcentaje del precio del boleto en la exhibición. Organización Ramírez, empresa que posee la mayor cadena de salas cinematográficas de Latinoamérica, señaló que esta medida provocaría un alza en el precio del boleto que lo haría incosteable para las clases populares. Independientemente de estas razones, el precio de la entrada al cine se incrementó aproximadamente en un 15% durante 1998 sin que nada de ese dinero fuese destinado a fomentar la producción nacional.
En una medida audaz, la misma Organización Ramírez entró al terreno de la producción con «El cometa» (1998) de José Buil y Marisa Systach, un filme sobre las aventuras de un grupo de proyeccionistas de «vistas» en los primeros años de la Revolución. La desangelada recepción que el público mexicano brindó a este filme podría alejar a Organización Ramírez de aventuras ajenas a su negocio principal.
En otros terrenos, el cine estadounidense fue el amo indiscutible de la taquilla mexicana. Las diez películas más taquilleras de 1998 fueron todas hollywoodenses, con el indestructible «Titanic» de Cameron en el lugar número uno. El resto de la lista es predecible: «Godzilla», «Armageddon», «Impacto profundo», «Mulán», «El hombre de la máscara de hierro», «Un ángel enamorado» (City of Angels), «La máscara del Zorro», «Dr. Dolittle» y «Arma mortal 4» (Lethal Weapon 4).
A pesar de la crisis, el cine mexicano tuvo algunos éxitos modestos. «Cilantro y perejil» de Carlos Carrera premiada con el Ariel a la mejor película de 1996- se convirtió en un pequeño éxito en el mercado del video. «¿Quién diablos es Juliette?» (1997), documental dirigido por el debutante Carlos Marcovich, fue premiada en varios festivales internacionales y alcanzó un moderado éxito taquillero en el país, sorprendente para un documental. El filme más reciente de Jaime Humberto Hermosillo, «De noche vienes, Esmeralda» (1997) causó buena impresión desde su estreno en marzo, pero no alcanzó la popularidad lograda por «La tarea» (1990), su más grande éxito. Por su parte, el multi-reconocido internacionalmente Arturo Ripstein pasó sin pena ni gloria por las pantallas de su país natal con «El evangelio de las maravillas», estrenada en mayo en el Festival de Cannes.
La eterna crisis del cine mexicano de los noventa se hizo evidente en las nominaciones al premio Ariel, máximo galardón otorgado por la Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas. Sólo un puñado de películas se disputaron un número inflado de categorías, dictaminadas por una Academia reformada una vez más. La sorpresa de la inclusión de «Elisa antes del fin del mundo» (1997) de Juan Antonio de la Riva en la terna a la mejor película evidenció lo raquítico de la cosecha anual. En otros años un filme como «Elisa», un melodrama con tintes de comedia negra sobre una niña atrapada en la crisis económica de sus padres, no hubiese llamado la atención de los votantes al Ariel. La inclusión de esta película sirvió de espaldarazo al trabajo de Televicine, filial productora cinematográfica del poderoso emporio de comunicaciones denominado Televisa.
El Ariel de Oro y otros premios fueron otorgados a «Por si no te vuelvo a ver» (1997) del debutante Juan Pablo Villaseñor. Esta comedia sobre un grupo de ancianos que escapan de un asilo para recuperar su juventud, fue quizás el único filme del año que unificó los gustos de la crítica y el público, aunque su exhibición pública fue muy limitada.
En México, casi todo lo referente al cine sigue estando concentrado en la capital. Por esto, destacan cuatro eventos que hablan de un desarrollo importante en la formación de un público cinéfilo en otras ciudades. En orden cronológico, el primero de ellos fue la consolidación de la Muestra de Cine Mexicano de Guadalajara, un evento que ha sobrevivido al escaso apoyo oficial y privado que se le proporciona. A lo largo de la década, la Muestra de Guadalajara ha sido el escaparate principal para conocer la producción anual del cine mexicano. En este año, la Muestra de Guadalajara amplió sus perspectivas y, sin llegar a constituirse en un festival de concurso, incluyó la exhibición de cine latinoamericano y español, además de rendir un homenaje a Pedro Almodóvar. En mayo, el Consejo para la Cultura y las Artes del Estado de Nuevo León inauguró la Cineteca Nuevo León, espacio sin precedentes fuera de la Ciudad de México. La Cineteca Nuevo León es uno de los proyectos más interesantes alrededor del cine en México y puede convertirse en el detonador de una descentralización de otras actividades cinematográficas, incluyendo la producción.
De otra índole, pero igualmente importantes, fueron los esfuerzos para hacer llegar un cine de calidad a todas partes del país. Desde hace cinco años, la Muestra de Cine Francés de Acapulco inició un proceso de recuperación del público mexicano, el cual le había perdido el gusto al cine hablado en idiomas diferentes al inglés (incluyendo, desgraciadamente, al idioma español). A base de una inteligente estrategia de promoción, la Muestra de Cine Francés recorrió el país mostrando un cine reciente, no todo de buena calidad, pero diferente al acostumbrado en las pantallas mexicanas. De ella cabe destacar el éxito de «Mon homme» (1996) de Bertrand Blier, «Le huitième jour» (1996) de Jaco van Dormael y «Artemisia» (1997) de Agnès Merlet.
El resto del cine mundial llegó, en su mayoría, gracias a la tradicional Muestra Internacional de Cine. Iniciada en 1973, en la Ciudad de México, la Muestra se ha convertido en el evento cinematográfico por excelencia en México. En años recientes, la Muestra comenzó a viajar por algunas ciudades del país y en 1998, por primera vez, recorrió las capitales de los 31 estados de la República, además de otras ciudades importantes. Debido a la amplia oferta de filmes, también en 1998, la Muestra se dividió en tres partes, exhibidas durante marzo, octubre y diciembre. De las películas de la(s) Muestra(s) de 1998 cabe mencionar el buen recibimiento que tuvieron la cinta belga «Ma vie en rose» (1996), la canadiense «The Sweet Hereafter» (1997), el filme de Peter Greenaway «The Pillow Book» (1995), «The Tango Lesson» (1997) de la inglesa Sally Potter y la holandesa «Karakter» (1997).
Desde una perspectiva muy personal, lo mejor de 1998 en la exhibición de cine en México, fue el retorno de la lengua de Cervantes a las pantallas. Las cinematografías en castellano habían desaparecido prácticamente de las salas mexicanas en los últimos veinte años. Para quien escribe esto, fue muy alentador escuchar de nuevo nuestra lengua y percibir que el público se interesaba por cintas habladas en su propio idioma. El cine español encabezó esta avanzada, logrando un éxito sin precedentes con «Tesis» (1996) de Alejandro Amenábar, la cual se convirtió en el filme español más taquillero de la década en México, superando incluso a la popularidad de los filmes de Pedro Almodóvar. La coproducción hispano-argentina «Martín (Hache)» (1997) también logró sostenerse varias semanas en cartelera y otras cintas españolas lograron buenas entradas. Entre ellas cabe destacar a «Carne trémula» (1997) de Almodóvar, «Territorio Comanche» (1997) de Gerardo Herrero y «Secretos del corazón» (1997) de Montxo Armendáriz. Sin precedentes fue el estreno consecutivo de cintas argentinas: «Moebius» (1996) de Gustavo Mosquera, «Cenizas del paraíso» (1997) de Marcelo Piñeyro, «Pizza, birra y faso» (1997) de Adrián Caetano y Bruno Stagnaro y el filme de dibujos animados «Dibu» (1997), cuya serie de televisión también fue estrenada en nuestro país. La gran ausente fue Cuba, país que no logra exhibir un filme en México desde «Fresa y chocolate» (1993).
El cine brasileño, cuyo último éxito en México data de los filmes de Sonia Braga de los setenta, retornó tímidamente con dos filmes: «Tieta do Agreste» (1996) de Carlos Diegues con la mencionada Sonia Braga- y «Cuatro días en septiembre» (O que é isso, companheiro?, 1997) de Bruno Barreto. En marzo se espera el estreno de la popular «Central do Brasil» (1998) de Walter Salles. Sin embargo, no se prevé un repunte de la exhibición de cine en lengua portuguesa.
Un recuento del cine mexicano de 1998 está incompleto si no se menciona el auge del cortometraje. De alguna manera, la producción de cortos en México no ha manifestado los síntomas de crisis de sus hermanos mayores. El corto mexicano ha logrado los mejores éxitos internacionales de esta década para nuestro cine. El triunfo de «El héroe» (1994) de Carlos Carrera en Cannes, y el de «De tripas, corazón» (1996) de Antonio Urrutia en las nominaciones al Óscar, son pruebas contundentes de ello. 1998 fue un buen año para los cortos y es de esperarse que la producción de ellos aumente en 1999. De los cortometrajes mexicanos cabe destacar: «Adiós mamá» (1998) del joven cienasta Ariel Gordon, premiado en los festivales de Valencia, Valladolid y Montreal; «Sin sostén» (1997) filme de animación de Antonio Urrutia; «Necrofilia» (1998) de Rigoberto Castañeda y «En el espejo del cielo» (1998) de Carlos Salces, el cual ha recibido una gran cantidad de premios internacionales.
¿Qué esperar para 1999? Por una lado, es notable el aumento de la oferta cinematográfica internacional, aún en las salas destinadas casi exclusivamente al cine de Hollywood. Los exhibidores aún no se atreven a apostar con riesgo, pero las sorpresas que se han llevado los han vuelto más audaces. En enero de 1999, el filme español «Airbag» (1997) abrió con buen éxito. En estos días, el estreno de «Perdita Durango» (1998) del ya popular Alex de la Iglesia continua la presencia de España en las pantallas mexicanas.
El primer estreno mexicano de 1999, «Un embrujo» (1998) de Carlos Carrera, se vislumbra interesante. Aún queda por ver qué nos deparará el año que inicia. Por lo pronto, deseamos que continúe la diversidad de películas en nuestras pantallas y que, con suerte, nuestro cine mexicano se apunte un éxito (que ya necesitamos).