ZOLTAN, HOUND OF DRACULA

Vic/Crown

1977

U.S.A.

90 minutos

ZOLTAN, HOUND OF DRACULA

 

 

Director :

Albert Band

Interpretes :

Michael Pataki

José Ferrer

Reggie Nalder

Jan Shutan

Libbie Chase

John Levin

Guión :

Ray Perilli

Fotografía :

Bruce Logan

Música :

Andrew Belling

 

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Lo primero que nos pone en guardia al comenzar a ver este filme es leer en los títulos de crédito el nombre del director, Albert Band. Sí, se trata del patriarca de la insufrible estirpe de los Band, de la productora FULL MOON, que incluye a Charles Band (director, y, sobre todo, productor de cintas infames) y al ínmundo compositor Richard Band, autor -entre otros sacrilegios- de la burda parodia de la genial música de Herrmann para PSYCHO en la banda sonora que escribió para REANIMATOR.

La película trata de un perro-vampiro, lo cual, cuando menos es bastante original (aunque más rompedora era aquella película que hablaba de una motocicleta vampírica). Zoltan era el compañero canino de un campesino rumano llamado Veidt. Una noche, el último de la estirpe de los Dracula, Igor (!) Dracula, intenta -sin éxito- atacar a la hija del susodicho campesino y en su huida, en forma de murciélago, sacia su sed succionando la sangre de Zoltan, que, como ustedes supondrán, se convertirá en un perro-vampiro; y no sólo eso, sino que Igor Dracula hará de Veidt una especie de zombi viviente, un esclavo de sus deseos.
Pasados varios años una compañía del ejército rumano llega al lugar y encuentra en una cripta varios cadáveres atravesados por estacas. Al no ser muy expertos en folklore local, los ingenuos soldados retiran la estaca de uno de los cuerpos... ¡Lo adivinaron! Era el de Zoltan, que ahora ha vuelto a la vida para seguir cometiendo desmanes en la región.
zoltan1.jpg (8250 bytes) Y ustedes se preguntarán ¿cómo es un perro-vampiro? ¿qué es lo que hace? Bien, según la película le brillan los ojos e hipnotiza a otros perros para chuparles la sangre; nada más.
Por lo tanto podrán suponer el tedio que provoca este filme al espectador que durante la hora y media de su metraje (que se hace interminable) sólo ve a un chucho al que le brillan los ojos y que mantiene conversaciones con sus acólitos mediante ladridos (idioma que ni ustedes ni yo dominamos).
Sólo destacaremos la presencia de un avejentado José Ferrer (quien, desde luego, había conocido mejores momentos en la industria) interpretando el papel de un inspector de la policía rumana que investiga los casos de vampirismo.