El represor de los cocaleros vuelve a Bolivia
¿Otra vez, mister Greenlee?
Bush designó hace dos semanas al sucesor de Manuel Rocha. Se llama David Greenlee, experto en operaciones encubiertas. Ya estuvo en Bolivia manejando interinamente la Embajada norteamericana por casi dos años, desde la crisis de Huanchaca. Bajo su corta pero desenfrenada gestión el país vivió tormentas de sangre y vergüenza como la llegada de tropas del Comando Sur al Chapare, la masacre de Villa Tunari, la aprobación de la Ley 1008 o el atentado dinamitero contra George Shultz. La historia de Greenlee en Bolivia parece arrancada de un relato negro de Graham Greene. Aquí se la contamos
Wilson García Mérida
El presidente de Estados Unidos George W. Bush acaba de
nombrar oficialmente a su nuevo Embajador en Bolivia, David N. Greenlee, quien
ya actuó en nuestro país a fines de los ochenta, como Ministro
Consejero y Embajador interino, habiendo administrado situaciones poco diplomáticas
como la tragedia de Huanchaca en 1986 y la masacre de Villa Tunari en 1988.
Greenlee se desempeñó como Embajador de su país en el
Paraguay desde el 19 de julio del año 2000. Previamente ocupó
el cargo de Coordinador Especial del Departamento de Estado para Haití.
Con anterioridad, de 1996 al '97, fue Jefe del Grupo de Monitoreo Israel-Líbano.
Entre el 95 y el 96 ejerció como Consejero Político del Comando
Sur con sede en Panamá.
Su relación con Bolivia data de los años 60, cuando sirvió
como voluntario del Cuerpo de Paz en el altiplano boliviano, antes de partir
a Vietnam. Luego se especializó como experto en operaciones encubiertas
con altas notas en las belicosas escuelas diplomáticas norteamericanas,
compartiendo experiencias -entre otros funcionarios de carrera que se desplazan
como peones de ajedrez en el tablero mundial del imperio- con el actual jefe
del Comando Sur, Gary Speer, y con Otto Reich, el hoy influyente Secretario
del Departamento de Estado para Asuntos Hemisféricos en América
Latina.
Conocimos muy de cerca a David Greenlee a fines de septiembre de 1988, dos
años después de los sucesos de Huanchaca. El señor Greenlee
llegó a Villa Nueva, una comunidad cocalera del Chapare, para entregar
algunas obritas del PL-480 al estilo de Alianza para el Progreso, junto con
Giovani Quaglia y Reginald van Ralte, funcionarios de Unfdac y Usaid, y se
dirigió a los campesinos utilizando palabras en idioma quechua (su
currículum oficial indica que es experto en lenguas indoamericanas).
Registramos ese acto mediante un reportaje que publicamos en la revista Facetas
de Los Tiempos, el 2 de octubre del 88.
Greenlee cumplía en ese momento el cargo de Embajador interino en nuestro
país, y lo ejerció durante casi dos años en los cuales
la Embajada de Estados Unidos en Bolivia había quedado acéfala
tras la crisis que sufrió esa legación a causa de los crímenes
del 5 de septiembre del 86.
Previamente a la tragedia de Huanchaca, David Greenlee era el responsable
de los asuntos políticos de su Embajada en La Paz, es decir el número
uno de la CIA en Bolivia, bajo el encubierto puesto de Ministro Consejero.
Desde ese cargo administró las operaciones que trajeron tropas del
Comando Sur para realizar ejercicios de guerra en el Chapare, y en alguna
otra zona del Oriente afectada por el narcotráfico.
La tragedia de Huanchaca
En julio de 1986 comenzó a ejecutarse en Bolivia la operación
"Blast Furnace" ("altos hornos"), la primera experiencia
de intervención militar norteamericana, para Bolivia, en la llamada
"Guerra contra la drogas". Hasta noviembre de ese año llegaron
al país, para quedarse, seis helicópteros artillados UH-1H que
operaron en la guerra del Vietnam, junto con 200 "rangers" enviados
por el Comando Sur.
"Blast Furnace" fue el sueño de Reagan que se cumplió
en esta parte de los Andes, desde que el presidente norteamericano había
fracasado en su intento, durante las dictaduras militares, de crear una fuerza
multinacional "interamericana" bajo la batuta del Comando Sur en
los marcos de la "Iniciativa de Defensa Estratégica" inspirada
por el ultraderechista Lyndon LaRouche. La operación "Blast Furnace",
sin embargo, fue un rotundo fracaso en Bolivia.
El Operativo "Blast Furnace" incluía la participación
activa de la DEA, organismo éste (todavía atado a una lógica
estrictamente policiaca) que tenía el propósito de asestar un
duro golpe interviniendo el mayor laboratorio de producción de clorhidrato
de cocaína, situado en la serranía de Huanchaca, sobre la frontera
cruceña con Brasil. La información sobre aquella incursión
promovida por la DEA se filtró hacia los narcotraficantes y provocó
una tragedia impensable. Cuando los ocupantes de la factoría se hallaban
desmantelando el laboratorio pocos días antes del anunciado operativo,
éstos fueron sorprendidos con la llegada de una misión científica
española encabezada por el biólogo boliviano Noel Kempff Mercado,
que aterrizó accidentalmente en Huanchaca; los narcotraficantes, confundiendo
a los acompañantes de Kempff con agentes encubiertos, los acribillaron
a ráfagas de metralleta. Fue el 5 de septiembre de 1986. Juan Cochamanidis,
un piloto español, fue el único sobreviviente que reconoció
el acento brasileño de los sicarios y pudo contar el cuento ante el
estupor del país.
Este incidente provocó una grave crisis dentro la Embajada norteamericana
en La Paz. El jefe de la DEA en Bolivia, Frank Macolini, acusó a los
agentes de la CIA de haber interferido en las acciones para tomar Huanchaca
debido a un pacto que se habría acordado con el cabecilla de la banda
que operaba en ese laboratorio, un padrino llamado Jorge Roca Suárez,
alias "Techo de Paja", actualmente preso en una cárcel de
Texas con privilegios de ciudadano norteamericano.
"Techo de Paja" aprovechó la estadía en su cárcel
dorada de Texas para estudiar Arquitectura y Derecho, profesiones que le permitirán
desarrollar "limpiamente" sus actividades cuando retorne a Bolivia.
Recientemente, el pasado mes de agosto, la justicia boliviana resolvió,
por decisión de los jueces Saúl Saldaña y Ana Cañizares,
devolver los bienes incautados a su familia.
Una ruta al Golfo de México
Tras los crímenes del 86, Frank Macolini sindicó concretamente
a Jesús Gutiérrez, un agente cubano traído a Bolivia
precisamente por David Greenlee, de haber infiltrado la información
sobre la toma de Huanchaca. Según el entonces jefe de la DEA en Bolivia,
Gutiérrez habría ejecutado la negociación con Roca Suárez.
El agente cubano brindó protección a "Techo de Paja"
permitiéndole inclusive transportar cocaína por una ruta directa
al Golfo de México a cambio de información para desmantelar
al cartel colombiano de Medellín. Investigamos sobre este tema en 1990,
cuando conocimos casos de secuestros de avionetas en la frontera con Brasil
y Paraguay para usar esas naves "desechables" en la ruta al Golfo
de México. Se pudo establecer que en aquellas operaciones criminales
de secuestro de pilotos y robo de avionetas participaban grupos ligados al
clan Villavicencio, que posteriormente se dedicó al lavado de dólares
desarrollando actividades inmobiliarias en el municipio de Cochabamba. Los
dineros de "Techo de paja" se reciclaron también en organizaciones
como Finsa.
La DEA, supuestamente, se oponía a esta alianza de la CIA con el narcotráfico
boliviano.
Las relaciones de "Techo de Paja" y la CIA se remontan a la época
de García Meza, cuando este joven y emprendedor traficante conspiró
contra su tío y mentor Roberto Suárez Gómez, entregando
información decisiva para la captura del entonces "Rey de la Coca".
Jorge Roca aprovechó su influencia en los entornos del ministro Arce
Gómez para expandir e intensificar la producción de pasta base
de cocaína en los bosques subtropicales del Chapare, donde la dictadura
tendió un cerco militar para impedir la salida de hojas de coca hacia
las haciendas de Roberto Suárez en el Beni. Es conocido el episodio
de la masacre de "zepes" (hombres hormiga que transportaban coca
ladeando las orillas del Río Chapare), quienes fueron exterminados
por el Ejército para cortar la provisión de hojas de coca hacia
los dominios amazónicos de Suárez.
La militarización del Chapare ordenada por García Meza y Arce
Gómez le permitió a "Techo de paja" dar un salto "modernizador"
hacia la cristalización de cocaína (clorhidrato), montando laboratorios
industriales como el de Huanchaca. Roberto Suárez en cambio, más
conservador, prefería mantener al Chapare como simple proveedora de
hojas de coca, especializándose en simi-elaborar la droga en estado
de sulfato base, para enviar esa mercancía a laboratorios de Colombia.
Eso explicaba la buena relación que Roberto Suárez mantenía
con el cartel de Medellín, a diferencia de "Techo de Paja"
que se constituyó en competidor y adversario feroz de los colombianos.
La CIA y su golpe de timón
A raíz de las disputas entre los agentes de la DEA y de la CIA en la
legación norteamericana de La Paz, despertadas por el asunto Huanchaca
y la protección a "Techo de Paja", se precipitó la
renuncia del entonces embajador Edward Rowell, quien no pudo sostener aquella
situación en un ámbito rigurosamente diplomático. Rowell,
asqueado del asunto, tomó la decisión de huir del país
a pocos días de producirse, en noviembre del 86, el asesinato del diputado
Edmundo Salazar. Este legislador que investigaba el caso Huanchaca se aproximó
demasiado a la verdad y fue acribillado a plena luz del día por dos
sicarios en motocicleta.
El embajador Rowell abandonó Bolivia en enero de 1987, subrepticiamente
y sin ofrecer una explicación oficial sobre su alejamiento; quedando
la Embajada en acefalía hasta diciembre del 88. En ese lapso, es decir
entre enero del 87 cuando el embajador Rowell abandona el país y diciembre
del 88 cuando llega el sucesor Robert Gelbard, David Greenlee, el principal
de la CIA en Bolivia, toma control de la Embajada en calidad de "embajador
interino".
Al haber fracasado la operación "Blast furnace" en su objetivo
antidroga (aunque el objetivo político de someter el sistema de seguridad
boliviano bajo los lineamientos del Comando Sur se había logrado),
la Embajada de Estados Unidos, ya al mando de David Greenlee, emprendió
una nueva fase punitiva lanzando la operación "Snow Cop"
("boina de nieve"), la cual incorporó en las acciones militares
a elementos de la "migra" estadounidense y otras agencias como el
FBI. El inicio de esta operación coincide con la salida del embajador
Edward Rowell y el ascenso de Greenlee al rango de "embajador interino".
La primera medida de Greenlee fue alejar a Frank Macolini del país,
gestionando su traslado a Centroamérica, y a partir de entonces el
accionar de la DEA en Bolivia se "despolicializó" y comenzó
a desarrollarse bajo una lógica estrictamente política y militar.
La operación "Snow Cop" tuvo el principal objetivo de desmantelar
y deslegitimar las propuestas campesinas de desarrollo alternativo, que en
ese momento se traducían en el Plan Integral de Desarrollo y Sustitución
(Pidys), basado en la erradicación voluntaria de cocales y en la participación
sindical campesina en la planificación de programas agrícolas
alternativos. Greenlee se opuso tenazmente a esa propuesta, insistiendo en
abordar el problema coca-cocaína desde un enfoque eminentemente militar,
identificando así al cocalero como el enemigo principal.
El primer síntoma de esta política agresiva y anticampesina
promovida por Greenlee se produjo el 27 de mayo de 1987, en la zona de Parotani,
cuando cinco campesinos murieron en un choque con fuerzas de la Unidad Móvil
para el Patrullaje Rural (Umopar) que respondían al mando directo de
agentes norteamericanos.
Greenlee y la masacre de Villa Tunari
David Greenlee promovió la incursión ilimitada de asesores militares
norteamericanos en el Chapare que asumieron el mando de las tropas nativas
de Umopar. Fueron esos mismos agentes norteamericanos quienes abrieron fuego
desde sus helicópteros artillados UH1H, el 27 junio del 88 (apenas
un año después de los hechos de Parotani), en la población
chapareña de Villa Tunari, acribillando a centenares de campesinos
que se oponían al uso de herbicidas para erradicar cocales, siendo
Greenlee dueño y señor de la embajada norteamericana en La Paz.
La masacre de Villa Tunari dejó un saldo 12 muertos, entre ellos varias
mujeres y niños; y más de 20 heridos, muchos de ellos con invalidez
de por vida. Aconteció cuando centenares de campesinos realizaban una
toma pacífica de las oficinas de la Dirección de Reconversión
de la Coca (Direco), donde se almacenaban defoliantes que debían ser
usados para fumigar los campos cocaleros. Varios cadáveres aparecieron
flotando en el río Chapare. Lo extraordinario de aquel hecho fue que
algunos policías bolivianos que participaron en la matanza disparando
fusiles M-15, se hallaban bajo investigación de la DEA por sus conexiones
con redes oficiales de protección a narcotraficantes. Después
de lo de Villa Tunari, la Embajada de Estados Unidos, a cargo de Greenlee,
hizo llegar sendos memorándums de felicitación a esos mismos
policías.
La violación belicista de los derechos humanos se constituyó
en el método dominante de la política antidroga dirigida por
Grenlee, en una estrategia nítidamente orientada a provocar reacciones
también violentas entre el campesinado agredido, obligado desarrollar
acciones autodefensivas que servirán a Estados Unidos para argüir
que los sindicatos cocaleros forman parte de una "red narcoterrorista".
1988 será el año clave para imponer esta visión torcida
y guerrerista de la realidad en el Chapare.
La gestión de Greenlee como Ministro Consejero en el '86 y "embajador
interino" en el '88 no sólo produjo episodios abrumadores como
Huanchaca o Villa Tunari. La presencia de este hombre fuerte de la CIA en
nuestro país impactó profundamente en el proceso democrático
boliviano introduciendo elementos de incertidumbre, inestabilidad e inseguridad,
mediante el chantaje sistemático, para reacomodar los factores internos
de poder en función a los dictámenes de la potencia extranjera.
El Gran Viabilizador
Greenlee fue el "viabilizador" de la política guerrerista
de su gobierno, que aún prima respecto a la cuestión de la coca,
y fuimos testigos de la prepotencia norteamericana en nuestro país
ya en abril del 88, cuando el "embajador interino" llevó
de paseo en el Chapare al nefasto Fiscal General de los Estados Unidos, Edwin
Meese.
El fiscal Meese, estrecho colaborador de Reagan, según la revista Newsweek
había obtenido el cargo en retribución a un hecho de encubrimiento
en favor de la corporación Wedtech, en un cierto negociado por equipos
de espionaje satelital en el Pentágono. Meese llegó al cuartel
de Umopar de Chimoré protegido por un batallón de marines que
nos impidieron, a los periodistas bolivianos, realizar la cobertura de esa
visita. En un bochornoso incidente, los agentes norteamericanos desalojaron
al entonces Ministro del Interior, Juan Carlos Durán, del recinto donde
Meese, Greenlee y los efectivos de la DEA y del Comando Sur asentados en la
zona se reunieron durante más de tres horas. Actualmente, Edwin Meese
es socio de Lyndon LaRouche en varias empresas privadas dedicadas a vender
"servicios" de inteligencia, seguimiento y asesoramiento "antiterrorista",
además de comercializar armas, en países del Tercer Mundo donde
opera la asistencia militar norteamericana.
La captura de Roberto Suárez, el "Rey de la Coca" destronado
ya durante García Meza, fue otra "obra estrella" de mister
Greenlee. Con la caída de Suárez, quien se entregó voluntariamente
en julio del 88 tras resistir un cerco policial-militar de cinco meses en
su hacienda de Santa Ana, la Embajada norteamericana logró poner en
segundo plano las repercusiones de Huanchaca. Antes de la captura de Suárez,
propiciada por su ex discípulo "Techo de Paja", se sucedieron
hechos insólitos como la aparición de unos "narcovideos"
que mostraban a conocidos políticos pidiendo al viejo narcotraficante
plata para financiar campañas electorales; o la clausura del sistema
radiotelevisivo del "compadre Palenque", por haber entrevistado
a Roberto Suárez desde la clandestinidad, lo cual produjo un inesperado
estallido populista en el país.
El cerco y la captura de Suárez, y la tenaz persecución desatada
en contra de dirigentes y campesinos cocaleros, crearon, además, condiciones
favorables para que la Embajada norteamericana conquiste la aprobación
congresal, el 8 de julio de 1988, de la Ley 1008 de Sustancias Controladas,
que penaliza a la hoja de coca con idéntica furia que a la cocaína.
Paz Estenssoro tardó cinco meses en promulgar esa ley ante la resistencia
de los campesinos que sufrieron en ese lapso los efectos aterradores de aquella
"guerra de baja intensidad" comandada por Greenlee.
Tras la aprobación de la Ley 1008, Bolivia recibió la visita
del Secretario de Estado George Shultz, en agosto de ese mismo año,
visita que fue respondida con un atentado dinamitero perpetrado por el Ejército
de Liberación Zárate Willka. Greenlee estaba como pez en el
agua. Se quedó en el país asesorando al nuevo embajador Robert
Gelbard, hasta 1989, año en que se logró desarticular a esa
pequeña banda ultrista cuya aparición puso al país en
el mapa ideal del terrorismo internacional. Y misión cumplida.
= = = =
Las listas negras del Embajador
Antes de su anunciado retorno a Bolivia, David Greenlee
fue Embajador en Asunción, Paraguay, donde se puso al centro de una
polémica permanente por su política intervencionista a través
de unas famosas "listas negras" que afectaron a centenares de personalidades
paraguayas incriminadas por Greenlee, quien se puso oficiosamente a la cabeza
de una supuesta "lucha contra la corrupción" en el país
vecino.
Mister Greenlee desató en Paraguay un clima de persecución e
intimidación pública "investigando", con un sofisticado
aparato de inteligencia bajo su servicio, supuestos casos de corrupción
entre funcionarios, jueces, sindicalistas y periodistas, algunos de ellos
vinculados con acciones de resistencia a procesos de privatización.
Los paraguayos que entraron en las "listas negras" de Greenlee fueron
sancionados por la Embajada con la suspensión de sus visas para ingresar
a Estados Unidos.
Las "listas negras" de Greenlee condicionaron el funcionamiento
del sistema judicial paraguayo a los intereses de las compañías
trasnacionales que operan en ese país. Jueces y fiscales aterrados
por la posibilidad de perder sus visas y ante la inminente muerte civil que
implica caer en las "listas negras" de Greenlee, comenzaron a bloquear
recursos de inconstitucionalidad de varios contratos petroleros que presentaron
sindicalistas paraguayos.